Blog de contracorrección irreflexiva sobre antiquehaceres parartísticos

martes 17 de enero de 2012

Ya está aquí



Pues ha hacido el nuevo retoño... A vuestra disposición a partir del lunes 23 de enero. Espero sinceramente que os guste. Y como anticipo, que no comentario pues eso lo dejaré en manos de otros, os añado el texto de la contraportada:

"El crimen es una parte más de la cultura popular de nuestro tiempo gracias a su difusión masiva a través de la novela, el cine, la televisión, los videojuegos o los comics, al punto de que se ha transformado en un elemento más del lenguaje de nuestro tiempo que impregna la cultura, y funciona como modelo de imagen estética para muchos.

La obra recorre las manifestaciones más variopintas del crimen, atendiendo de forma muy especial a sus tipologías, variantes y protagonistas en tanto que fenómeno de masas popularizado desde diversos cauces y tendencias estéticas del negocio del entretenimiento.

Esta obra aborda el fenómeno del crimen como elemento catalizador de la cultura pop de manera accesible, ágil y eficiente, pero sin renunciar al rigor exigido por el tema en cuestión".

viernes 23 de diciembre de 2011

CASI 24 DE DICIEMBRE


Supongo que si hay gente capaz de aprobar una carrera universitaria que nunca va a ejercer, aferrarse a pisos de los que los van a desahuciar, aguardar un puesto de trabajo que cada año están más lejos de obtener, escribir historias para los libros que van a dejar de existir, somos capaces de adaptarnos a lo que sea; no lo sé; si os deseo buena suerte en cada empeño es porque lo supongo.


jueves 22 de diciembre de 2011

El fin del mundo


¡Qué estupor! ¡Qué temblor!

Esta semana he podido corroborar que estamos al borde del final, en el límite de la transformación, en el vórtice de una conjunción cósmica que tan solo puede desencadenarnos temibles fatalidades. Los mayas tenían razón: el mundo se aproxima inexorablemente hacia un final teñido en rojo. Más no en el escarlata de la carne reventada (tal vez quemada), sino en el de las ideas destripadas, en el de las entrañas ideológicas pisoteadas, amalgamadas en el fragor del pensamiento único, de la molicie mental, del laminado psicológico definitivo.

¿Tengo pruebas? ¿Puedo sostener estos vaticinios apocalípticos sin ponerme colorado? ¿Puedo permitirme el devaneo quiliástico a estas alturas? Por supuesto. Puedo y debo. Puedo y sé.

Soy profesor universitario. Trabajo con jóvenes, con la semilla del mundo futuro, con las promesas de lo que habrá de ser, con aquellos que deben construir la sociedad del mañana sobre las miserias del presente. Debieran ser mejores que yo, más grandes que yo, más avanzados que yo, más inteligentes que yo e incluso más reivindicativos que yo. Pero no. Sus objetivos quedan cancelados en la noñería de la "vida feliz" glaseada con "un buen trabajo", "un buen piso", "un buen sueldo". Ahí mueren las expectativas. No hay debate que concluya de otro modo: encogimiento de hombros. Así son las cosas. Prostitución mental. "No estoy dispuesto a morir por aquello en lo que creo"

Los jóvenes se han hecho viejos antes de tiempo -quizá nacieron así- y la senectud ha triunfado. Es la victoria de décadas de manipulación ideológica y perversión psicoeducativa. Los jóvenes han muerto a manos de la ancianidad de supuestos popes intelectuales que les han conducido al desastre absoluto (no repetiré sus nombres aquí pues no deseo incurrir en blasfemia). Por cada mozo con perspectiva y horizontes que aparece, nacen nueve deglutidores de donuts adocenados que no ven más allá de sus narices. Que defienden las cosas que defendería mi padre (o cualquiera de su edad), que me transforman a diario en un radical, que no entienden mi sed de libertad y de progreso, que creen que la verdad podría surgir cristalina tras las opacidades del tormento, la tortura, la mano dura y el garrote vil. Que quieren cambiar el mundo sin conocerlo y pretenden vivir negando a los demás lo que desean para ellos mismos. Que hablan de libertad mofándose del derecho y creen que lo justo es aplastar al inviduo para el beneficio del colectivo. Que quieren ponerle al monte todas las puertas posibles: "Tu libertad termina donde empieza la mía"... ¿Se puede ser más doctrinario? ¿Más dogmático? ¿Más totalitario?

Los jóvenes han envejecido y el mundo en el que creímos alguna vez, se acaba. Se muere antes de nacer. Ha quedado sepultado bajo toneladas de estulticia. Bajo tiendas de campaña polvorientas en una plaza. Podrido en las habitaciones mugrientas de un hotel ocupado que quiso ser comuna libertaria y quedó en poco más que vertedero físico y psíquico. Clausurado en cientos de asambleas inútiles. Bajo el peso de millones de ideas infrautilizadas y de quintales de energía disipada, desperdiciada, domesticada, momificada, a la que algún optimista antropológico quiso llamar "revolucionaria" (¿se puede ser más ciego?). Triste revolución esta que ha terminado por dar la razón a sus más odiosos detractores.

Y es que, al final, he terminado por descubrir la verdad. Triste. Dura. Depresiva. La mayoría de los jóvenes ya no quiere la revolución: Simplemente quiere una hipoteca.

Es el fin del mundo... Feliz -¿última?- Navidad.


domingo 18 de diciembre de 2011

De Norberto

Como cada año transcribo el relato con el que el excelente escritor Norberto Luis Romero nos felicita las fiestas a los amigos y como en cada ocasión merece la pena que lleguen estas fechas aunque sólo sea por leerlo.


 Precocidad


Fue sobre las dos de la madrugada. Los padres dormían y no supieron nada hasta que oyeron los disparos, corrieron a la habitación del niño y descubrieron aterrados la cama vacía. De allí se precipitaron escaleras abajo hacia el salón, donde habían sonado los tiros. Lo que vieron les quitó el aliento: su hijo todavía empuñaba la pistola caliente, explicó el comisario a Cruz, el forense. Y prosiguió, señalando los tres cuerpos yacientes casi al pie del arbolito navideño: no llevan documentos, pero está claro que no son de aquí.

Pero el hijo…

El comisario se adelantó a la curiosidad de Cruz:

Las nuevas generaciones son precoces. Este debe tener entre nueve y diez años. Al parecer, oyó ruidos abajo, se levantó de la cama. Sabía perfectamente dónde guardaba la pistola su padre…, y bajó decidido. Señaló hacia el pasillo y continuó:

Se llama Pedro, está con sus padres, uno de nuestros hombres y la psicóloga en la cocina, padres e hijo bajo los efectos del shock. Pobre criatura, no deja de tiritar, permanece con los ojos muy abiertos, no pestañea y mira al vacío.

El forense hizo un amago.

Es inútil, Cruz, llevamos un par de horas intentando que nos diga algo, pero no quiere hablar, únicamente repite una palabra: carbón, carbón, carbón…

viernes 2 de diciembre de 2011

ANATOMÍA DEL CRIMEN

El género negro, tan necesitado de estudio crítico, cuenta con un nuevo ensayo firmado nada más y nada menos que por Mariano Sánchez Soler.

Anatomía del crimen. Guía de la novela y el cine negros
Colección: Reino de Cordelia
Páginas: 256. Precio: 18,95 €
ISBN-13: 978-84-938913-8-1

Escritor de novela negra y al mismo tiempo teórico del género, Mariano Sánchez Soler ha diseccionado la narrativa criminal, sus orígenes, el salto a la literatura española y su relación con el cine nacional e internacional. Subjetivo, apasionado y visceral, su visión compone una guía completa de este tipo de novelas y películas. Desde los orígenes, marcados por el interés por el enigma que siempre entraña la resolución de un crimen, hasta la crítica social que alumbró el nacimiento de la serie negra. Ilustrado con cubiertas y carteles de los mejores ejemplos del género, Anatomía del Crimen recomienda una amplia lista de títulos para leer y para ver. 80 ilustraciones en blanco y negro.



Mariano Sánchez Soler (Alicante, 1954)
Es escritor, periodista y profesor universitario. Doctor por la Universidad de Alicante, se licenció en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y ha compaginado durante más de veinte años el ejercicio del periodismo con una intensa labor como novelista, poeta y ensayista de temas de historia actual. Es autor de las novelas Carne fresca (1988), Festín de tiburones (1990), Alacant blues (1994), Lejos de Orán (2003), La brújula de Ceilán (2007), Para matar (2008) y Nuestra propia sangre (2009), Premio Francisco García Pavón de Narrativa Policíaca; de los poemarios Walking blues (1977), La ciudad flotante (1983), La ciudad sumergida en el mar (1992) y Fuera de Lugar (2001) y del volumen de narrativa Lusitania Express (1996). Estudioso de la transición española y del franquismo, ha publicado entre otros libros: Los hijos del 20-N (1993), Descenso a los fascismos (1998), Ricos por la patria (Premio Internacional de Literatura de No Ficción Rodolfo Walsh 2002), Los Franco, S.A. (2003), Los banqueros de Franco (2005) y La transición sangrienta (2010). En la actualidad compagina la literatura con la docencia como profesor del grado de Comunicación Audiovisual en el Centro de Estudios Ciudad de la Luz, adscrito a la Universidad Miguel Hernández de Elche. Imparte cursos sobre novela negra, creación literaria y periodismo de investigación en la Universidad de Alicante, donde organiza, desde 2005, “Mayo Negro”, un encuentro anual sobre literatura y cine negro-policíaco.

martes 29 de noviembre de 2011

ASESINATOS PROFILÁCTICOS

Querido Francis, amigos, tenemos relato en esta nueva antología negra que cuenta con muchos amigos, mucha profilaxis criminal y toda la irreverencia.

Asesinatos Profilácticos
Antología del relato negro IV

Ediciones Irreverentes

 Edición y prólogo de Santiago García Tirado

Las historias más negras y criminales. Una joya de la Literatura Negra; asesinatos hermosos, crímenes que logran recuperar el equilibrio del
mundo, otros con sabor a justicia y poesía, o a venganza. La ciudad atravesada por historias violentas.

Guillermo Orsi, Willy Uribe, Jerónimo Tristante, Miguel Ángel de Rus, Juan Ramón Biedma, Cristina Fallarás, Raúl Argemí, Pedro de Paz, Carlos Augusto Casas, Andrés Fornells, Manuel Villa-Mabela, Álvaro Díaz Escobedo, Daniel Barredo, Kalton Harold Bruhl, Joseba Iturrate, José Luis Ordóñez, Isaac Belmar, Carlos Salem, Joaquín Lloréns, Julio Fernández Peláez, Teresa Galeote, Emilia Luna, Manuel A. Vidal, Alberto Castellón, Iván Teruel, J. Manuel Fdez Argüelles, Manuel Gómez Gemas. Los mejores autores negros del momento presentados por el responsable de la edición, Santiago García Tirado. Ni en Chicago años 30 nació una generación así.

Asesinatos profilácticos es la más reciente continuación de las tres Antologías del Relato Negro publicadas hasta el momento. Estamos antes el mejor elogio de la venganza como justicia y como acto estético, un libro vanguardista, irreverente, que niega las grandes palabras e incita a los hechos. El lector de todas las sociedades ha sentido fascinación por la sangre; la novela negra se ha presentado como un elemento aleccionador contra la enormidad en épocas de puritanismo; y en épocas de libertad moral, como una muestra del ser primitivo y libre que vive en nosotros. En esta antología negra se hacen propuestas al lector que le incitan a acabar con el orden establecido de sus ideas, liberar sus represiones.

martes 22 de noviembre de 2011

Antirresurrección... El futuro ha venido

[Amigos, convencido como estoy de que esta novela de zombis es la mejor que se ha escrito -y se escribirá- en este país durante mucho tiempo, recupero del blog de "Revista Prótesis" -grácias David G.- la recensión que publiqué allá a poco de su salida al mercado. Francamente, creo que no podéis perderosla, ni debéis, ni me da la gana. Insisto. Y por eso os empujo otra vez a la boca del infierno, a las entrañas del tugurio, a la carne muerta, al olor a podrido. Al comienzo del final].

Pues no. Te confundes por completo. La última maravilla de Juan Ramón Biedma no es una simple novela de zombis al amor de “lo que se lleva”. Y si lo piensas es que o bien no le has leído nunca, o bien has cometido el craso error de minusvalorar su inmenso talento. Una novela de Juan Ramón Biedma nunca es “otra más”.

Claro que sí. Hay muertos vivientes –concepto contradictorio este donde los haya, ¿eh?- por doquier, y sangre a raudales, y desmembramientos colectivos que harían enmudecer al más aguerrido fan del gore, y asesinatos en masa, y una constelación de personajes atormentados por el asco de vida que les ha tocado padecer… Los tópicos del género que se suele decir. Lo mismo que en las películas de Romero y Fulci, igual que en el ya célebre comic de Kirkman y su desafortunada adaptación televisiva. Pero no es esto lo único que hay en “Antirresurrección”. De hecho, todo eso es lo menos importante cuando, a la hora de la verdad, lo que prima en la última novela de Juan Ramón Biedma es una extraordinaria trama policíaca, un argumento de novela negra excelente y pleno de tensión que habría funcionado con la misma eficiencia en cualquier otro contexto. Una joya.

Si algo caracteriza a Biedma aparte de su enorme talento como escritor es, indudablemente, su capacidad inagotable para dar siempre una vuelta de tuerca más… Su habilidad para sorprender al lector cuando ya parece imposible es, justamente, el rasgo que más admiramos en él sus seguidores. Con Biedma nunca sabes a qué atenerte porque nunca hay reglas inviolables. Porque siempre hay un adjetivo más. Una comparación más. Una hipérbole que va más lejos. Es maravillosamente impredecible. Puede y sabe más allá de todo y de todos. Y por eso, cuando todos los que se esfuerzan en escribir sobre zombis hacen simplemente novelas de zombis -¿qué otra cosa?-, él gira, retuerce, esquiva, dribla, y hace una novela de cadáveres andantes en la que los muertos, pese a inundarlo todo, pese a la importancia de su presencia impositiva, son lo menos relevante. Apenas un elemento más, equidistante, del paisaje. Otra circunstancia, asquerosa y tremebunda, claro, en un mundo que sería igualmente asqueroso y tremebundo sin fiambres pudriéndose entretanto caminan tambaleantes por ahí prestos a deglutir a todo zoquete confundido que se les ponga por delante.

Antirresurrección es una novela negra, con una trabajadísima trama argumental repleta de recovecos harto sorprendentes, ubicada en un futuro apocalíptico que perfectamente puede ser el que nos toque vivir mañana. En un futuro posible –que será una porquería absoluta en la medida que el mundo actual no invita precisamente a creer en utopías- los vivos y los muertos comparten espacio. Y los vivos siguen con sus cuitas, sus rollos, sus crímenes, sus trabajos mal pagados, sus engendros políticos, sus manipulaciones, sus miserias, sus vidas vulgares e irrelevantes, sus circunstancias peculiares, sus emociones descontroladas, sus ambiciones ridículas, sus batallitas, a pesar de todo. O precisamente a causa de todo. Por todo. La idea es tan simple como preguntarse –y responderse- qué pasaría si en el mundo, además de todo lo que hay, hubiera zombis. Qué ocurriría si hoy, ahora mismo, los muertos regresaran.

Conviene que os vayáis olvidando del rollo Soy leyenda. De las calles vacías, repletas de coches abandonados y silencio, de los comercios vacíos. Esa movida construida para atemorizar una generación que vivía sumida en la paranoia de la Guerra Fría y que, por ello, todavía creía que el holocausto nuclear sucedería diez minutos después de cualquier cosa. Ni caso. Si en el mundo hubiera zombis sucedería simplemente que estarían ellos, y nosotros, y habría que compartirlo bien fuera de mala gana evitando, en la medida de lo posible, que nos dieran un mordisco en el trasero. Biedma lo entiende, lo sabe y lo cuenta… Y yo le creo porque me parece lógico, coherente y aceptable.

No esperéis errores en el texto de Biedma. No hay fraudes y tampoco argucias tramposas para confundir al lector. Ni se trata de explicar porque los zombis existen –igual que tampoco hay por qué explicar la razón de la existencia de los carteros o de los funcionarios. Simplemente son. Están. Funcionan y así hay que tomarlo. Tampoco hay finales felices o falsas esperanzas porque cuando el mundo es una mierda, no puede haberlas y sería de tontos inventárselas. Quienes habéis leído a Juan Ramón Biedma –que vive sumido en sus misterios de sabor gótico- sabéis que en sus radicales historias no caben los opios del pueblo. Solo la literatura, la magia de la palabra desplegada por doquier, una inundación de arte.

Antirresurrección es una novela transgresora y salvaje que marcará tendencia y que hará a muchos supuestos escritores “de género” –me incluyo el primero, quede constancia- replantearse su futuro profesional. Muy difícil va a ser escribir sobre determinados temas a partir de ahora. Una perla esta novela que bien harán sus publicantes en manejar con cuidado y mimo para no negarle el derecho –bien merecido- a ser todo un superventas.

El futuro ha venido… No digáis que nadie os lo advirtió.

martes 1 de noviembre de 2011

"Te lo cambio por el de Tintín"


Hermano Biedma, ese fue uno de los leit motif de mi adolescencia: "te lo cambio por el Tintín".

Todos sabían que yo era -mejor, soy- un ávido lector de cómics lo cual me convertía en víctima fácil para esta tipología del regalo en cualquier especie festiva. Y así, entre unas cosas y otras, entre compras de paga dominical y dádivas diversas, iban cayendo por casa los Asterix, y los Spirit y los Marvels, y estos, y los otros... Y, claro, los de Tintín que yo nunca compré, pero que siempre hubo alguien que quiso homenajear.

El problema, claro, es que el tal Tintín me ponía enfermo. Malo malísimo de puro dolor de estómago. Me resultaba repipi, sínsolo, aburrido, blando y encima no me gustaban los dibujos. El resultado, hermano, es que a poco que podía permitírmelo y en cuanto algún amiguete tenía por ahí algo más de mi agrado, ¡zas!, "te lo cambio por el de Tintín".

Lo peor era que colaba sin que yo fuera capaz de entenderlo. Casi todo quisque se pirraba por el Tintín ese al que yo no le veía el chiste por sitio alguno. El hecho, hermano Biedma, es que así fue creciendo mi colección particular de suerte exponencial porque como los tintines que me caían por doquier -a los adultos siempre les vino a parecer el enano atontado éste la tira de educativo y de simpático- venían encuadernados en bonito y eran caros, pues se cotizaban bien y los intercambios resultaban sustanciosos.

Mi vida sin Tintín. Así es. Pero en mi vida también está Spielberg y como no le perdono una y a mi familia le va la marcha, trago con estas "Aventuras de Tintín" que resulta que están muy divertidas, superentretenidas y la mar de bien realizadas. ¿Te sorprende? Pues no te sorprendas, hermano, que todo tiene explicación. Lo maravilloso de este Tintín spielbergiano es que no es el reporterillo pedante del Hergé, sino Indiana Jones disfrazado... y, claro, el gran Indy sí que mola. Mogollón. Quiero suponer, por tanto, que a los fans sempiternos y puretas del nene del perrito esta película no les hará mucha gracia, razón por la que seguramente a mi me ha parecido tan bien y por la que, de paso, se la recomiendo a nuestros seguidores más iconoclastas y menos amanerados.

¿Es posible Tintín sin Tintín? Lo es, y encima resulta mejor que con él.

sábado 22 de octubre de 2011

Cien mil mosqueteros


Querido Francis, acabo de ver casi por accidente la nueva versión de Los tres mosqueteros y vengo contento, bien servido.
Lo primero que pensé cuando supe del proyecto es que no hacía ninguna falta y que si querían una historia de este corte, los productores podrían haber tirado de otros originales -¿para cuando una adaptación de El escorpión de Marini?-, aunque para eso los productores tendrían que leer con alguna asiduidad, lo cual es mucho suponer.
Estos mosqueteros tienen lo que le falta al Capitán Trueno que reseñas abajo: los recursos, el entusiasmo por los personajes, el desparpajo para reinventarlos con gracia, gusto y mucha energía.
Todavía estás a tiempo de pedirle a tu chiquillo que te lleve al cine.

PD: Ah, y desde luego, nada de verla en ese falso artificio absurdo de las 3D

miércoles 12 de octubre de 2011

Ni Hansel ni Gretel

No es la primera vez que hablamos aquí de Sigueleyendo.es, la estupenda web literaria que lleva ya unos meses atacando –como se ataca el tabaco en la pipa o las balas de los cañones- este mortecino mundillo nuestro e insuflándole nuevos oxígenos.


Bien, pues resulta que estas actividades bajo la ya tan conocida  marca no eran más que el principio de otras muchas, que nuestra queridísima Cristina Fallarás, su jefa de máquinas, piensa llevar todo esto hasta donde sus visiones y su locura alcancen, que por ahora es la edición y más tarde cualquiera sabe.

Por lo pronto ha montado la revisión de viejos y oxidados cuentos infantiles a través del filtro maligno de una serie de autores, entre los que estoy, a los que publica en formato digital; cuentos que se pueden adquirir en la propia web

Como decía, cualquiera sabe a dónde lleva todo esto.
 


lunes 10 de octubre de 2011

Metafísicamente imposible


Muchos somos los que crecimos leyendo al Capitán Trueno. Tengo todos los tebeos (nunca "comics", que esto es España y hablamos de la cosa patria, "¡por Santiago!"). Leídos y releídos hasta el aburrimiento. Y siempre lo he tenido muy claro desde el mismo momento en el que se comenzó a hablar de este proyecto: Trueno y sus peripecias son inadaptables al cine presente. Ni modo. Bien lo comprendieron todos aquellos que dejaron la aventura con anterioridad como Calparasoro o Bajo Ulloa: Las probabilidades de fracaso eran altísimas y puede que inasumibles para un cineasta reputado.

Primero, sucede que que la estructura narrativa de las historias del viejo Capitán -siempre la misma- hubiera cuadrado con los estilos cinematográficos de las décadas de 1950 y 1960, pero es incompatible con los formatos de hoy. Puedo imaginar una historia del Capitán Trueno en la gran pantalla tal y como la pensaban Mora y Ambrós en sus relatos; con Robert Taylor en plan espadachín indomable que se bate en justas por el corazón de la bella dama, Technicolor, guión lineal, inocencia aventurera, camara fija y traveling de raíles. Es lo que destilan sus viñetas preciosistas claramente inspiradas en "El Principe Valiente" de Harold Foster y en los encuadres perfectos del "Flash Gordon" de Alex Raymond (cuya adaptación cinematográfica también fracasó precisamente por lo mismo, el desajuste temporal estilístico-narrativo). Los tebeos del Capítán Trueno están a años luz de la pomposa retórica cinematográfica de la actualidad, de las cámaras al hombro, los montajes veloces, las elipsis constantes y las transiciones fulgurantes.

Segundo, se trata de un conjunto de personajes -conviene recordar que las andanzas del Capitán Trueno siempre fueron concebidas como historias corales, y jamás como productos de héroe solitario- a los que los mayores adoran en su esencia básica y con los que los jóvenes encuentran difícil -puede que inútil- conexión. Esos diálogos inocentones del tebeo ("¡cáspita!"), ese romanticismo demodé de los argumentos (Bien plano versus Mal sin matices), esa moral del sacrificio irreflexivo tan propia de la españa franquista ("¡Santiago y cierra España!") que Mora siempre trataba de soslayar, pero que la inevitable censura siempre encontraba el modo de imponer... Una ética y una estética que encajan mal con los tiempos y modos presentes. Consecuencia: el guión, por mucho que se pretenda actualizarlo, resulta irremediablemente bobo, insustancial, esencialmente plano, repleto de tonos y melodías que ya nadie comprende porque ya nadie los utiliza o las tararea. En un mundo sin honor, no toca perderse en delirios líricos que no se asumen o se dan por supuestos entre los valores del personal.

Tercero, el dinero. ¿Dinero...? Ese perpetuo mal de nuestros creadores. Para hacer una película con la espectacularidad que requereriría la recreación exhaustiva del Capitán Trueno, su troupe y sus peripecias haría falta, al menos, multiplicar por ocho los diez millones totales que tantos cacareos injustificados han provocado en algunos críticos. Cuando la Marvel se propone realizar un "Thor", por ejemplo y ya que viene al pelo, se gasta esos diez millones de euros sólo en pagar a la mitad del reparto... Hablar de esto, creo yo, ni merece la pena porque no hay debate, así que no perdamos el tiempo con lloros y pataletas innecesarios. Es una producción de aventuras ésta baratita, "low-cost", sin pretensiones, de peleillas porque no hay pasta para grandes batallas, de efectos especiales justitos porque no alcanza para estropicios y de actores sin pretensiones. Y eso que Peris-Mencheta está correcto -de lo mejor de la película- y además resulta bien seleccionado pues guarda un eficaz parecido físico con el Capitán de los tebeos (y la Sigrid de turno es guapa, qué carajo).

Sí, a qué negarlo, es una producción esta limitada y algo malilla. En efecto. Pero le doy un aprobado porque, como digo, era un reto extremadamente difícil al que se han atrevido a pesar de todas sus imposibilidades metafísicas. Y el caso es que a mi hijo de ocho años (el mismo niño que yo fui cuando empece a leer los tebeos del Capitán Trueno) no le pareció mal e incluso llegó a pasar un buen rato de cine con palomitas, lo cual me ha dado mucho qué pensar acerca de las virtudes de la inocencia y la futilidad del envejecimiento. Más que hacernos sabios, nos resabiamos. Qué triste... Todo un logro el de entretener a un chavalito del presente cuando la industria del entretenimiento norteamericana ha laminado la psique de los chicos con tanta eficacia que pareciera ya imposible sacarles de los esquemas que se les imponen desde el otro lado del Atlántico.

Tiene la película, además, algún momentillo bastante decente, como por ejemplo cuando el Capi aparece por vez primera en pantalla... Instante que goza, incluso, de un punto de emoción irreprimible para muchos que llevábamos décadas deseando vivirlo. También cuenta con una partitura musical aceptable y una fotografía más que digna (resulta un juego muy divertido el de jugar a descubrir donde está rodada y para mí fue maravilloso reencontrarme en la pantalla con el magnífico Castillo de Calzada de Calatrava o con las Lagunas de Ruidera). Y me vale todo ello para no aniquilarla como algún que otro pureta, e incluso para hacer el esfuerzo de comprarla cuando salga en blue-ray a fin de ocupar, con él, ese huequecito vacío que siempre hubo en el estante de mis vivencias infanto-juveniles.

Llamadme "freak". Pues bueno. El hecho es que nuestro Capitán Trueno, nuestro héroe patrio, generacional e intransferible merecía tener este homenaje, bien fuera testimonial, y hay que darlo por bien empleado: Seguro que algún que otro chiquillo arrastrado al cine por su padre -como el mío- se anima a sacar del desván los viejos tebeos polvorientos del Capi.

Más que suficiente.

miércoles 21 de septiembre de 2011

RESET

Prometió reincidir y, en efecto, nuestro amigo Frank G. Rubio cumple con este excelente poema... Él me contó que estaba preparando un poemario que sin duda, y conociendo al personaje, debe ser excelente. Y yo me pregunto, ¿será esto un anticipo?

Andar y ver.

Sólo los que viven para desaparecer pasan al otro lado (Nietzsche).

Suéñate noche,
Separándote del pensamiento,
Y trenza los límites
Porque
Morir es abrirse
A una fiesta infinita.

Bajo los parpados:
Un oleaje sin palabras
De imágenes divinas,
Una estancia ingente
Y sin horizonte.

También
Una abertura bajo los peldaños,
Un interior sin centro.

Sin duda:
“Vestigios psíquicos,
Agitados por la pulsión
Plutónica”
Dirán los que nada saben,
Y
Menos aún
Sueñan.

Sin miedo,
Déjate llevar
Por la negación del trance vital,
Como quien acude
A las primeras nupcias.

Guárdate de ataviar
La bella muerte
Con las huellas del día.
Ve siempre
Sin metáforas.
Palpándote en la otredad,
Donde
El cuerpo de la manada
Se diluye.

Hay un presagio
De lo mortífero
Siempre
En la ocasión del sueño,
Una envoltura de signos
Que atraviesan de raíz
El templo del alma.

Voluntad,
Luna inconstante,
Navegando en aguas
Desconocidas,
Hacia un destino ignoto,
A Ella te asemejas.

Apresúrate ya
Entre los ángulos
Por la Bien Amada,
Como las ocas salvajes
Siguen
El delirio circular
De las estaciones.

Lo esencial es pues,
Lo  demás-no-nunca,
Sumergirse
En la Oscuridad,
Rumor de insectos,
                                                                 Con un ritmo
Inexorable.

                                                        Que sólo se puede querer,
Más allá
Del Abismo:
Luz de otros días,
Perdidos y olvidados,
Soles otros
Ancestral origen.


Más allá de los viejos planetas

Ser tan sólo una sonda:

Palabra oscura

Como un pez limítrofe.

jueves 8 de septiembre de 2011

Aquiles y la Tortuga



"Cebolletismo" en estado puro, pues hace ya años de esto que os voy a contar.

Resulta que cuando era más joven, tenía más gracia y menos levas, a menudo me dedicaba a colaborar con boletines culturales, fanzines y otros orgasmos mentales similares... Todo por amor al arte, por el mero placer de ver tus letrillas impresas y generar ínfulas de gacetillero. Y el otro día, rebuscando entre viejos papeles, me encontré con esto y me hizo gracia releerlo. Es una columna que escribí en 1999, a petición de su editor, para "Sildavia", una revista que editaba en Torrejón de Ardoz la papelería Arriero (que espero aún exista). Me hace ilusión empezar el curso con algo de nostalgia, seguro que porque me voy haciendo viejo, de modo que me suelto el pelo y os pido anticipados perdones por la incontinencia verborréica que me adornaba en aquellos días:

Cuando Zenón de Elea echó a correr al gran campeón de la vieja Grecia tras aquel quelonio patizambo puso en marcha la paradoja más universal e irreductible de las posibles paradojas. El nudo de todos los nudos. Y centenares de sesudas mentes, a lo largo y ancho de los mapas y los tiempos quisieron desde entonces convertir al pobre Aquiles, maltrecho en su orgullo olímpico, en vencedor de una carrera perdida. Inútil. Zenón era listo. Terriblemente sagaz. Las reglas del juego, con lógica aplastante y pertinaz, no dejaban opción: aquella tortuga tenía que ganar, y ganaría.

La irreductibilidad de la paradoja –los grandes pensadores que argumentaban una imposibilidad física contra el resultado final de la competición no supieron comprenderlo- reside en su modo argumental. Contra la opinión generalizada de que toda paradoja debía ocultar cierta estratagema por alguna parte, Zenón propuso un juego de manos sin trampa ni cartón. El lenguaje es la forma de la representación y nuestras representaciones del tiempo y el espacio permitían el ardid. Igual daban las leyes de la física o los principios de la geometría (póngase Euclides como quiera, que en Elea no hemos leído los dichosos Elementos).

El rodillo de los siglos se olvidó del nombre del atleta. Por olvidar –en el colmo de la desmemoria- perdió de vista la nomenclatura taxonómica de la especie elegida para la victoria. Y en ese arte de birli birloque que etiqueta los problemas más mundanos con apelativos rinbombantes, quiso recordar el juego como paradoja del continuo. Así, sin solución de continuidad, allá fueron los matemáticos, los físicos, los filósofos, a reunirse en el debate. Leibniz dijo que sí y Newton que no. Euler no podía explicárselo y Mach, quién sabe por qué, ni quitó ni puso a la retórica. El continuo era discontinuo –o tal vez todo lo contrario. Quizá, porque cuando los hombres se ponen a buscar soluciones siempre inventan alguna bien sea por aquello de lo conveniente, resulta que el espacio es denso y los infinitésimos contienen infinitud de infintésimos (in, in, in). Pero Zenón, escurridizo, siguió riéndose más allá del polvo. Sigue en ello: “catetos míos, la representación humana del espacio, y de lo que sea, es de índole gramatical y, por tanto, permite la paradoja más allá de la entidad real de la sustancia… ¡Qué tarugos, bendito sea Zeus!”.

Cada vez que pienso en estas cosillas sin importancia me siento bien. Tal vez porque son las únicas en las que se puede pensar sin tener dolor de cabeza y cabreo sempiterno o, a lo mejor, porque son las únicas que tienen algún interés real y fundado. Pero, sobre todo, porque entiendo la utilidad del debate inútil. Aquiles nunca venció a la tortuga por la misma razón que Alicia cruzó el espejo: la palabra es más dura que el pedernal y la pluma más fuerte que la espada. El mundo –dijo Wittgenstein- es todo lo que es el caso. Y lo que el caso sea –añado- tendrá que ser lo que los hombres digan. Igual da que la ciencia y la técnica se empeñen en sostener evidencias ajenas a la pobre lógica de las palabras puesto que, en el fondo, todo, y digo todo, es cuestión de palabras.

Ahí queda eso, ¿eh?

lunes 25 de julio de 2011

¿Cultura?


¿Qué es cultura? ¿Dónde está la cultura? No son preguntas retóricas ni pretenden la trampa. Se trata de interrogantes sinceros. ¿Es cultura la llamada “cultura de masas”? ¿Algo es cultural porque lo paga el Ministerio de Cultura, o un ayuntamiento, o una fundación? Y las cuestiones llegan más lejos aún: si cuatro señores deciden que esta cosa o aquella otra son “patrimonios culturales”, ¿resulta entonces que ya forman parte de la cultura en cuanto tal? Vaya lío que tengo. En un afán por democratizar y accesibilizar lo más posible todos y cada uno de los elementos que consideramos “culturales”, estamos provocando un completo desmadre. La cultura es ya un jaleo, un pretexto, una coartada, un cliché de moda. Ahora todo el mundo se siente obligado a culturizarse a todo trance y con respecto a cualquier cosa. Y lo peor es que el mercadillo cultural es tan extenso, rocambolesco, enrevesado y jaleoso, que ya no sabemos cómo separar el polvo de la paja.

Nos han llenado la cultura de trampas. Esta es la situación. De artificios y artefactos que no se comprenden pero se admiran. Te dicen, por ejemplo, que leer es cultura, pero no te dan un folleto de instrucciones que te ayude a separar los libros buenos de los malos… Como resultado, tenemos a millones de personas perdiendo el tiempo con el tal Harry Potter cuando podrían estar empleándolo mejor en cualquier otra lectura digna. Ellos creen que leen, pero la verdad es que simplemente se entretienen. Hace tiempo pensaba honestamente que esto no era mala cosa, que tarde o temprano el lector del tal Potter iría a otra parte, pero he descubierto que estaba equivocado: simplemente se traslada hacia otro libro similar, deambula en busca de más entretenimiento, encuentra dónde engancharse, y establece de esta manera un círculo vicioso del que ya nunca sale. No quiero significar con todo esto que leer a J. K. Rowling sea algo intrínsecamente malo, que no lo es. Lo perverso, lo engañoso, lo irremediablemente nefasto, es no pasar de ahí. Pensar que ese es el límite y que ya se ha encontrado una impepinable llave de acceso a la cultura.

En efecto. Los metapoderes económicos que pululan en las sombras de la sociedad de consumo han terminado por transformar la cultura en una película de Indiana Jones. Ya no tenemos ni idea de cuándo nos cubriremos de bichos, se nos hundirá el suelo bajo los pies, o seremos hechizados por el malicioso chamán de una tribu amazónica. Se nos pone la zanahoria de la cultura frente a las narices para endiñarnos luego cualquier cosa. Se nos exige que seamos críticos, que nos formemos e informemos, que investiguemos, que nos esforcemos por comprender, y al mismo tiempo, de tapadillo, nos empancinan con un suculento menú de prensa amarilla a la salsa rosa. Y de postre, publicidad. Dicen que es cultura, y que tienes la obligación moral de embadurnarte con ella, pero en realidad sólo quieren tenernos entretenidos. Tan sólo pretenden que nos mantengamos en el papel de espectadores… Culturízate y no participes.

Nos han malversado la cultura. Ahora un disco es bueno si es el más vendido, una película es importante si obtiene el récord de taquilla, un libro es decente si colma las expectativas de ventas, una obra de teatro es interesante si llena todas las funciones durante tres meses seguidos. Las series de televisión son fantásticas si superan los índices de audiencia preestablecidos por la cadena que las emite… La cultura se ha fusionado con las matemáticas dando lugar a una falacia como no recuerdan los tiempos. No puede extrañarnos, por consiguiente, que las prioridades de la cultura se hayan alterado por completo y que las conversaciones no versen ya acerca de los contenidos en sí mismos, sino que se muevan en lo meramente superficial y accesorio: “he visto tal cosa”, “he escuchado esta otra”, “me bajé de Internet aquello”… Y basta. Habiendo cumplido con tu cuota de mercado ya estás en la cultura, en lo que se lleva. No necesitamos saber cómo es aquello de lo que nos hablas, pues nos basta con saber que has tenido acceso. Lo demás se da por supuesto. Bienvenido a la cultura. ¿Y el resto? ¿Qué pasa con aquello de lo que no se habla? ¿Qué ocurre con lo que nadie recomienda? Bueno, todo eso simplemente no existe. Lo triste es que el verdadero conocimiento suele esconderse precisamente ahí, en el ángulo muerto.

A nadie extraña, por tanto, que en estos tiempos que corren nos haya entrado de golpe y porrazo tanto interés por las teorías de la conspiración. Claro. En el fondo sabemos que algo no funciona bien en todo esto. Pero los conspiracionistas y sus partidarios ignoran –u ocultan interesadamente, que de todo hay- el fondo del problema: no es que el conocimiento cierto sea inaccesible, nos lo hayan ocultado, o se nos hurte indiscriminadamente sino, antes bien, que ese conocimiento no se encuentra en el circuito habitual de la cultura. Está aplastado por él, en las catacumbas, esperando a ser desenterrado de entre la porquería con la que pasamos el rato. En la sociedad de la información no existe la censura –no lo crean- porque no hace ni repajolera falta. Basta, simplemente, con no publicitar lo que no queremos que se difunda. Sólo existe lo que cuenta la televisión. La bola mágica; el centro neurálgico de todo saber.

Pero quién quiere conocer cuándo puede entretenerse tan ricamente, ¿verdad?

viernes 24 de junio de 2011

Parecido más que razonable...

Pues resulta que, aburrido, ando dando vueltas por el "internes" sin rumbo, dirección ni salvación y me encuentro este montaje (abajo). No es original, ni novedoso y puede que ni tan siquiera gracioso. Pero no me negaréis que es curioso, curioso, curioso que Dios, Buda. Alá, el Ser Superior se llame como se llame, la naturaleza, los extraterrestres que nos pusieron aquí, el ADN, el azar evolutivo o la mera serendipia hagán estas cosas.

Este parecido más que razonable -diríase que univitelino- entre seres de todo punto antitéticos como Rouco y Paco Clavel debe tener algún significado cósmico que yo, pobre y limitado mortal, ignoro por completo.

Se admiten argumentaciones científicas del hecho, cuestionamientos metafísicos, razonamientos teológicos, filosofías de trapillo, otros desbarres y toda suerte de explicaciones de portero... Porque está claro que estas cosas -sobre todo estas- necesitan de una respuesta si queremos seguir creyendo que algo tiene sentido.

Razón, aquí.



jueves 16 de junio de 2011

Catálogo Editorial NGC


NGC regala en su web, en descarga libre, este eBook con todo su fondo editorial. No sólo ofrece un repaso por todas sus publicaciones sino que además incluye un montón de materiales extra inéditos relacionados con todas ellas y elaborados por sus autores (relatos, comics, ilustraciones y etcétera).

Calidad 10 y porque sí.

Si no tienes eBook, también es posible descargárselo en formato PDF. Sigue el enlace:

lunes 6 de junio de 2011

EL VALLE DE LAS SOMBRAS

Sin dudas de ningún género, por encima de temáticas oficiales y vargasllosas, el triunfador de la feria del libro de Madrid se llama Jerónimo Tristante.


Con El valle de las sombras, una novela que a los tres días de su publicación ha alcanzado hoy su segunda edición, Tristante nos demuestra de una vez por todas que no hay autor en este país que cuente las historias como él las cuenta.

El tiempo apremia en un paraje de la sierra de Madrid llamado Cuelgamuros. La Guerra Civil ha terminado y Francisco Franco quiere construir un gran mausoleo donde enterrarle a él junto a los caídos. Para acelerar las obras, emplea presos republicanos. Así llega al valle José Antonio Tornell, antiguo policía durante la República. Al poco de estar allí, Roberto Alemán, héroe del ejército nacional, es enviado para que investigue supuestos desfalcos. Al principio, tanto uno como el otro se miran con recelo. En sus rostros no ven más que el reflejo del enemigo. De repente uno de los presos muere en extrañas circunstancias. Tornell está convencido de que ha sido un asesinato, pero nadie le cree. Nadie excepto Alemán. Los dos empiezan a investigar, estrechando lazos, pero el caso va complicándose cada vez más. Hay gente que empieza a ponerse nerviosa ya que se acerca la visita del dictador, han ocurrido muchas cosas en poco tiempo y nada es como era antes, empezando por ellos mismos.
 
Los que la hemos leído estamos esperando ya su próxima obra. Los que no, tenéis la suerte de que os aguarde en las librerías.




Feria del Libro "taurina"


Amigos/as, el próximo viernes 10 de junio, a partir de las 18:30 horas, y si os apetece, nos vemos en la Feria del Libro (caseta 87, Librería Estudio en Escarlata). Allí firmaré libros, charlaré con quien así lo quiera, me haré fotos con vosotros para que empapeléis el dormitorio e incluso me exhibiré cual mandril enjaulado para goce de vuestras más parafílicas y viciosas actitudes.

Estoy, os lo aseguro, dispuesto a poner a prueba la escasa dignidad que me queda.

Por cierto, nos acompañará mi buen amigo y compañero de fatigas literarias David G. Panadero, autor de Los viejos papeles, con lo que los tríos y las risas están más que asegurados, y quizá también aparezca nuestra maravillosa y aguerrida editora, Pily B (por favor, dadle a la muchacha una alegría, que se lo merece...).

Os esperamos.

martes 31 de mayo de 2011

Concurso de relatos Justo Vasco

ACTA JUSTO VASCO

El Jurado del VI Concurso de Relatos Cortos "Justo Vasco", convocado por la Asociación Cultural NOVELPOL (Amigos de la Literatura Policial), ha decidido conceder el primer premio, dotado con 250 euros, al relato:
 
COMPAÑERA, de Iván Gallardo Iglesias (Sevilla, España)

Los otros finalistas han sido:
EL CAZADOR CAZADO, de Elena Marqués Núñez (Sevilla, España)
LOS EMPLEADORES, de Tomás o. Manzanelli (Córdoba, Argentina)
EL PASO A MEJOR VIDA, de Paulino Cayón Gónzalez (Suances, España)
EL CONCEJAL ULLOA, de Javier Revilla Cuesta (Bilbao, España)







El jurado estuvo compuesto por Juan Ramón Biedma, escritor; Francisco José Jurado, escritor;Carlos Salem, escritor; David de la Sierra-Llamazares, escritor, poeta y critico; Diana Rodrigo Ruiz, escritora y poeta; Marcelo Luján, escritor; José Diego Pacheco, lector y miembro de Novelpol.
 Los trabajos finalistas serán publicados por la Asociación NOVELPOL, ya sea en formato digital o impreso. NOVELPOL se reserva el derecho de publicación de otros relatos si así lo considera oportuno.
El total de relatos presentados a concurso fue de 250. Gracias a todos por participar.

lunes 30 de mayo de 2011

Desde la indignación: Carta abierta a D. Antonio Burgos


[Publica D. Antonio Burgos en el diario ABC (19-5-2011) un artículo titulado "indignante" (subtitulado de forma pretendidamente graciosa ¿Indignados? ¡Tequiyá con la indignación de diseño asistido por ordenador!) al que nadie parece haber dado cumplida ni merecida respuesta. Permitidme que lo intente].

D. Antonio Burgos, ese hombre maravilloso y mejor escritor, se ha caracterizado tradicionalmente por su aguda labia a la hora de faltar, ofender, insultar y mancillar el honor de gente a la que ni conoce ni quiere conocer. Es la escuela de los Campmany, Ussia y compañía. Esa tradición de grandes letristas y letreros de la que se alimenta ese gran rotativo que ha hecho tanto por la prensa española: “ABC” (periódico que tras haber vivido tiempos infinitamente mejores, en el presente ha quedado reducido a mero coleguilla de patio de recreo de esa otra cosa llamada "La Razón" [de la sinrazón que a mi razón acongoja])… Otrora gran periódico hoy reducido a simple pasquín que es poco mas que un cómic para fachas de línea rancia (porque ni siquiera son derechistas neoconservadores liberalotes y tolerables de esos que están ahora de moda por la avanzada Europa) y con el que no envolvería el bocadillo nadie sensato a menos que quisiera envenenarse.

De la Pajín dijo este genial hombre que es Don Burgos –mito de los cervantinos y excelso argumentador- que tenía cara de “actriz porno”. Y de las hijas de ZP (pobres muchachas, qué culpa tendrán ellas), que eran unos “callos”. Y ya vamos mal porque da la triste impresión de que este tipo, Apolo de la retórica y Adonis de la estética, no tiene espejos en su casa. Hace falta tener mucho morro y muy poco sentido del ridículo para meterse con el físico de nadie teniendo el físico de D. Antonio Burgos. Este Aquiles de la lindeza que confunde el buen estilo con la agresión y que se llama a sí mismo escritor –o columnista- en el colmo del optimismo y la autocomplacencia. Por titularse, que no quede, vicio proverbial de la incompetencia española: bien están los títulos y los remoquetes a falta de virtudes más presentables.

Pero no es bastante. Ahora Míster Burgos –sumándose a la tendencia de moda en el espectro cavernario- amplia el cerco de sus exabruptos a miles de personas que ni le leen, ni le conocen, ni quieren, ni les interesa (¿para qué?), y se entretiene en darnos lecciones de democracia, y se molesta porque unos pobres muchachos que no están en otro sitio porque no lo tienen, protesten en la vía pública. Tan demócrata es y suena, que solo le ha faltado en su texto hediondo referirse al contubernio judeo-masónico [sic.] que libró al dictador de toda culpa y le limpio de cualquier mácula. Tan demócrata que el muy tonto piensa que en este país hay democracia “solo” porque nos la trajo el Rey. Cómo me gustaría saber simplificar la historia con tanta gracia y salero como lo hacen estos del garrote. ¡Ay! ¡Pero qué triste es tener que vender el alma al diablo para comer caliente! ¡Cuántas tonterías nos lleva a escribir el olor del puchero! Que si los chicos no se quejan, es que son “ni-nis”… Pero cuando lo hacen, es porque son comprados de no sé quién. Que si piden, porque piden… Que si callan, por acomodados y tragaldabas… Que si cuando protestan hacen un botellón, pero cuando no protestan es que tienen la tripa muy llena… ¡Qué triste tiene que ser envejecer hacia la derecha! ¡Y qué doloroso, coño! ¡Pero cuánto tiene que doler estar siempre tan cabreado!

Dice Don Burgos que los chiquitos no van a La Moncloa, pero es que hay que ser muy zote para decir esto y quedarse tan tranquilo. Porque implica desconocer el significado mismo del concepto de “plaza”, tanto como el sentido que la Puerta del Sol ha tenido siempre en la historia de la protesta pública madrileña, y por supuesto no haber estado frente al Palacio de la Moncloa todos los días. Sabría entonces que allí, justo allí, no cabe una acampada. Y además allí, justo allí, molestaría menos y armaría menos ruido del que arma donde está… Que no es eso D. Burgos. Que nadie se mete con tu querida Espe. Que no hay pancartas contra Doña Esperanza y que lo de ella es meramente coyuntural. Que te confundes cebollino. Que no va de eso, que la conspiración solo está en tu cocorota enferma de mal pensado patológico.

¿Sabéis cual es problema? No es que protesten. Para nada. A esta gente le gusta mucho el ruido y no hay más que escuchar el jaleo que arman en las manifestaciones domingueras –protestar de 9 a 2 y para casita a la hora del vermú- que ellos organizan. Lo que le pasa a Don Antonio Burgos y su club de fans es que los “indignados” de marras no protestan como él quiere, que no dicen lo que él quiere que digan, que no se comportan como a él le gustaría que se comportasen, que no se meten con quien él querría que se metieran… Ese es el caso… Pero entienda usted, Don Antonio, que no todos podemos calzarnos un polo azul con una banderita española ribeteando el cuello para vender libros de José Antonio y folletos de la CEDA en un chiringuito. Más todavía: que no todos vivimos de la falacia ni comemos del ABC o de La Razón (de la sinrazón, y tal).

Lo que le molesta a este gran demócrata, a este genio de la tolerancia, a este John Wayne de los Derechos Humanos en suma, y basta con saber leerle más allá del esperpento literario al que representa, es que los rojos -léase "todos aquellos que no piensan como pensamos los buenos de la película"- no nos morimos. Que no todos terminamos en una fosa común, en una cuneta y sin memoria. Al final siempre es lo mismo. Que España no es el país que él -ellos- quiere que sea. Qué le vamos a hacer amigo Sancho. Y no seré yo quien defienda los desastres de ZP o aplauda la charlataneria pseudoiaquierdista de este raro "socialismo" que nos asola, voto a bríos, pero tampoco toleraré que se manipule, se compre o se venda la única cosa límpia que ha habido en este país desde hace décadas. Tal vez confusa. Quizá desorganizada. Puede que inoportuna. Pero limpia.

Indignante, señor Burgos, eres tu. Es tu afán por reventar lo que no te gusta. Por aplastar lo que no quieres. Por pisar lo que no comprendes. Por ofender a quien no te hace caso. Indignante es masacrar intelectualmente a estos pobrecillos que salen a la calle pacíficamente –democráticamente (Constitución Española, artículo 21)- a pedir que se les escuche. A pedir un mendrugo. Indignante es que de verdad te creas esa matraca de que la democracia “la trajo el rey”… Eres indignante Burgos. Indignante, triste y pelanas. Tan mal ejemplo democrático que no te sirves ni a ti mismo.

Sí. Indignante.