Blog de contracorrección irreflexiva sobre antiquehaceres parartísticos

viernes, 23 de diciembre de 2011

CASI 24 DE DICIEMBRE


Supongo que si hay gente capaz de aprobar una carrera universitaria que nunca va a ejercer, aferrarse a pisos de los que los van a desahuciar, aguardar un puesto de trabajo que cada año están más lejos de obtener, escribir historias para los libros que van a dejar de existir, somos capaces de adaptarnos a lo que sea; no lo sé; si os deseo buena suerte en cada empeño es porque lo supongo.


jueves, 22 de diciembre de 2011

El fin del mundo


¡Qué estupor! ¡Qué temblor!

Esta semana he podido corroborar que estamos al borde del final, en el límite de la transformación, en el vórtice de una conjunción cósmica que tan solo puede desencadenarnos temibles fatalidades. Los mayas tenían razón: el mundo se aproxima inexorablemente hacia un final teñido en rojo. Más no en el escarlata de la carne reventada (tal vez quemada), sino en el de las ideas destripadas, en el de las entrañas ideológicas pisoteadas, amalgamadas en el fragor del pensamiento único, de la molicie mental, del laminado psicológico definitivo.

¿Tengo pruebas? ¿Puedo sostener estos vaticinios apocalípticos sin ponerme colorado? ¿Puedo permitirme el devaneo quiliástico a estas alturas? Por supuesto. Puedo y debo. Puedo y sé.

Soy profesor universitario. Trabajo con jóvenes, con la semilla del mundo futuro, con las promesas de lo que habrá de ser, con aquellos que deben construir la sociedad del mañana sobre las miserias del presente. Debieran ser mejores que yo, más grandes que yo, más avanzados que yo, más inteligentes que yo e incluso más reivindicativos que yo. Pero no. Sus objetivos quedan cancelados en la noñería de la "vida feliz" glaseada con "un buen trabajo", "un buen piso", "un buen sueldo". Ahí mueren las expectativas. No hay debate que concluya de otro modo: encogimiento de hombros. Así son las cosas. Prostitución mental. "No estoy dispuesto a morir por aquello en lo que creo"

Los jóvenes se han hecho viejos antes de tiempo -quizá nacieron así- y la senectud ha triunfado. Es la victoria de décadas de manipulación ideológica y perversión psicoeducativa. Los jóvenes han muerto a manos de la ancianidad de supuestos popes intelectuales que les han conducido al desastre absoluto (no repetiré sus nombres aquí pues no deseo incurrir en blasfemia). Por cada mozo con perspectiva y horizontes que aparece, nacen nueve deglutidores de donuts adocenados que no ven más allá de sus narices. Que defienden las cosas que defendería mi padre (o cualquiera de su edad), que me transforman a diario en un radical, que no entienden mi sed de libertad y de progreso, que creen que la verdad podría surgir cristalina tras las opacidades del tormento, la tortura, la mano dura y el garrote vil. Que quieren cambiar el mundo sin conocerlo y pretenden vivir negando a los demás lo que desean para ellos mismos. Que hablan de libertad mofándose del derecho y creen que lo justo es aplastar al inviduo para el beneficio del colectivo. Que quieren ponerle al monte todas las puertas posibles: "Tu libertad termina donde empieza la mía"... ¿Se puede ser más doctrinario? ¿Más dogmático? ¿Más totalitario?

Los jóvenes han envejecido y el mundo en el que creímos alguna vez, se acaba. Se muere antes de nacer. Ha quedado sepultado bajo toneladas de estulticia. Bajo tiendas de campaña polvorientas en una plaza. Podrido en las habitaciones mugrientas de un hotel ocupado que quiso ser comuna libertaria y quedó en poco más que vertedero físico y psíquico. Clausurado en cientos de asambleas inútiles. Bajo el peso de millones de ideas infrautilizadas y de quintales de energía disipada, desperdiciada, domesticada, momificada, a la que algún optimista antropológico quiso llamar "revolucionaria" (¿se puede ser más ciego?). Triste revolución esta que ha terminado por dar la razón a sus más odiosos detractores.

Y es que, al final, he terminado por descubrir la verdad. Triste. Dura. Depresiva. La mayoría de los jóvenes ya no quiere la revolución: Simplemente quiere una hipoteca.

Es el fin del mundo... Feliz -¿última?- Navidad.


domingo, 18 de diciembre de 2011

De Norberto

Como cada año transcribo el relato con el que el excelente escritor Norberto Luis Romero nos felicita las fiestas a los amigos y como en cada ocasión merece la pena que lleguen estas fechas aunque sólo sea por leerlo.


 Precocidad


Fue sobre las dos de la madrugada. Los padres dormían y no supieron nada hasta que oyeron los disparos, corrieron a la habitación del niño y descubrieron aterrados la cama vacía. De allí se precipitaron escaleras abajo hacia el salón, donde habían sonado los tiros. Lo que vieron les quitó el aliento: su hijo todavía empuñaba la pistola caliente, explicó el comisario a Cruz, el forense. Y prosiguió, señalando los tres cuerpos yacientes casi al pie del arbolito navideño: no llevan documentos, pero está claro que no son de aquí.

Pero el hijo…

El comisario se adelantó a la curiosidad de Cruz:

Las nuevas generaciones son precoces. Este debe tener entre nueve y diez años. Al parecer, oyó ruidos abajo, se levantó de la cama. Sabía perfectamente dónde guardaba la pistola su padre…, y bajó decidido. Señaló hacia el pasillo y continuó:

Se llama Pedro, está con sus padres, uno de nuestros hombres y la psicóloga en la cocina, padres e hijo bajo los efectos del shock. Pobre criatura, no deja de tiritar, permanece con los ojos muy abiertos, no pestañea y mira al vacío.

El forense hizo un amago.

Es inútil, Cruz, llevamos un par de horas intentando que nos diga algo, pero no quiere hablar, únicamente repite una palabra: carbón, carbón, carbón…

viernes, 2 de diciembre de 2011

ANATOMÍA DEL CRIMEN

El género negro, tan necesitado de estudio crítico, cuenta con un nuevo ensayo firmado nada más y nada menos que por Mariano Sánchez Soler.

Anatomía del crimen. Guía de la novela y el cine negros
Colección: Reino de Cordelia
Páginas: 256. Precio: 18,95 €
ISBN-13: 978-84-938913-8-1

Escritor de novela negra y al mismo tiempo teórico del género, Mariano Sánchez Soler ha diseccionado la narrativa criminal, sus orígenes, el salto a la literatura española y su relación con el cine nacional e internacional. Subjetivo, apasionado y visceral, su visión compone una guía completa de este tipo de novelas y películas. Desde los orígenes, marcados por el interés por el enigma que siempre entraña la resolución de un crimen, hasta la crítica social que alumbró el nacimiento de la serie negra. Ilustrado con cubiertas y carteles de los mejores ejemplos del género, Anatomía del Crimen recomienda una amplia lista de títulos para leer y para ver. 80 ilustraciones en blanco y negro.



Mariano Sánchez Soler (Alicante, 1954)
Es escritor, periodista y profesor universitario. Doctor por la Universidad de Alicante, se licenció en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y ha compaginado durante más de veinte años el ejercicio del periodismo con una intensa labor como novelista, poeta y ensayista de temas de historia actual. Es autor de las novelas Carne fresca (1988), Festín de tiburones (1990), Alacant blues (1994), Lejos de Orán (2003), La brújula de Ceilán (2007), Para matar (2008) y Nuestra propia sangre (2009), Premio Francisco García Pavón de Narrativa Policíaca; de los poemarios Walking blues (1977), La ciudad flotante (1983), La ciudad sumergida en el mar (1992) y Fuera de Lugar (2001) y del volumen de narrativa Lusitania Express (1996). Estudioso de la transición española y del franquismo, ha publicado entre otros libros: Los hijos del 20-N (1993), Descenso a los fascismos (1998), Ricos por la patria (Premio Internacional de Literatura de No Ficción Rodolfo Walsh 2002), Los Franco, S.A. (2003), Los banqueros de Franco (2005) y La transición sangrienta (2010). En la actualidad compagina la literatura con la docencia como profesor del grado de Comunicación Audiovisual en el Centro de Estudios Ciudad de la Luz, adscrito a la Universidad Miguel Hernández de Elche. Imparte cursos sobre novela negra, creación literaria y periodismo de investigación en la Universidad de Alicante, donde organiza, desde 2005, “Mayo Negro”, un encuentro anual sobre literatura y cine negro-policíaco.