Blog de contracorrección irreflexiva sobre antiquehaceres parartísticos

domingo, 17 de abril de 2011

Pedro de Paz desde Pedro de Paz


Unos amigos irresponsables —no por irresponsables menos amigos— que regentan un peculiar blog —éste— me invitan a participar a lo que ellos llaman «un curioso experimento»: una autoentrevista. Tratan de venderme la moto con afirmaciones oportunistas como «La entrevista definitiva: la autoentrevista. Contesta a todo aquello que nunca has podido o te has atrevido a responder. Te damos una oportunidad única: plantéate tú mismo las preguntas que te gustaría contestar, respóndelas y nos las envías». Lo que pasa es que son más perros que Rintintin y pasan de currárse las preguntas. Yo lo sé y ellos lo saben. Pero, como digo, son amigos. Y uno, por los amigos que aprecia, hace de su capa un sayo y tira p’alante. Así que allá vamos.

Mi nombre es Pedro de Paz y ejerzo el honroso oficio de novelista. Hasta el momento he publicado tres novelas —El hombre que mató a Durruti (2004, 2010), Muñecas tras el cristal (2006) y El documento Saldaña (2008)— y ando en vías de publicar la cuarta, que saldrá a la calle en otoño del presente año —La senda trazada (2011)—. Dos de ellas, la primera y la última, fueron acreedoras de los premios de novela «José Saramago 2003» y «Luis Berenguer 2010» respectivamente. También he colaborado en distintas antologías colectivas de relatos —La vida es un bar (2006) y La lista negra (2009)— y he hecho mis pinitos en el mundo del articulismo.

Suelo practicar novela de género, principalmente de intriga y aventuras, —thrillers que dicen los angloparlantes— en las que empleo con profusión y sin asomo de pudor recursos cercanos al género policíaco y negro.

El resto de mis circunstancias personales carecen de relevancia.

Sin más, procedamos con la entrevista, que se hace tarde.


¿Cómo y cuándo se inicia usted en la Literatura?

Todo comienza en el año 2002. Yo llevaba más de quince años dedicándome profesionalmente a la informática y por una serie de razones largas de explicar —y que probablemente no interesen a nadie—, tras todo ese tiempo, sufrí una crisis profesional. Necesitaba hacer algo que reavivase mis sentidos. Y opté por recuperar una antigua afición juvenil que había abandonado hacía mucho tiempo: escribir. Pequeños relatos en principio que, poco a poco, fueron ganando en extensión y profundidad. De ahí surgió mi primera novela, El hombre que mató a Durruti

Una novela puramente policíaca, muy canónica en su concepción, que aprovecha el tirón de la novela negra…

Pues no, señor entrevistador-sabelotodo. En el 2003, cuando la escribí, en España hacían novela negropolicíaca tres y el del tambor. Yo no me apunté a ningún carro ya que el tirón de la novela negra, suecos incluidos, llegó bastante después. Su génesis tuvo más que ver con mis preferencias como lector y mi deseo de escribir una novela a la Doyle, a modo de sentido homenaje al maestro. En ella recreaba, tratando de emular un tono muy parecido al que empleaba Conan Doyle en su Holmes, las distintas hipótesis existentes sobre las oscuras circunstancias en las que se produjo la muerte del líder anarquista Buenaventura Durruti, ocurrida a principios de la Guerra Civil Española…

 

Ya. Entonces el tirón que quiso aprovechar fue el de los textos basados en la Guerra Civil, muy en boga por aquellas fechas…

[El entrevistado observa al entrevistador con manifiesta hostilidad] Como no deje de interrumpirme, el tirón se lo voy a dar yo en… Lo de la Guerra Civil, aunque meditado, fue circunstancial. Soy un apasionado estudioso de la Historia de España y ya tenía constancia previa de las peculiares circunstancias de la muerte de Durruti, un enigma en toda regla. Yo quería escribir una novela policíaca y tenía un apasionante enigma entre las manos. No hubo más que sumar dos más dos.

¿Qué hizo cuando concluyó su primera novela?

En aquella época yo no me había planteado ni siquiera publicar ni tenía contacto con nadie del mundo literario o editorial. Escribía porque me ayudaba a sentirme libre, a recrear historias que, como lector, no había leído en manos de nadie y que me apetecía conocer. Siguiendo los consejos de algunos amigos que me decían que la trama era muy buena —los amigos, ya se sabe…— decidí intentar lo que me resultaba más cercano, más accesible, aquello para lo que no necesitaba de ningún auspiciamiento. Y tras pulirla un poco la presenté en el 2003 a un certamen literario, el «José Saramago» de novela que conllevaba un premio en metálico y la publicación de la novela premiada.

Y acertó de pleno.

Eso o que los hados estaban de mi parte. Pero puede usted hacerse una idea del subidón que supone para un diletante sin muchas aspiraciones en ese momento el que, con su primera novela, se presente por primera vez en su vida a un certamen literario y lo gane. Eso fue lo que me hizo pensar que lo que yo escribía quizá pudiera tener algún interés para los demás. Y plantearme una serie de cuestiones que hasta ese momento ni siquiera habían pasado por mi cabeza. Como la de dedicarme a esto.

Sin embargo, aquella primera experiencia no fue demasiado bien…

[El entrevistado vuelve a mirar al entrevistador con cara de pocos amigos. Su rostro, cetrino, se contrae en una mueca casi imperceptible] Desde el punto de vista de la concesión del premio, fue una experiencia excepcional. Desde el punto de vista de la publicación, no. Se trataba de un certamen modesto y de alta vocación institucional. La publicación de la novela fue casi un trámite y su distribución, meramente testimonial. No crea que soy un desagradecido. Estoy muy orgulloso de haber ganado ese premio, pero las cosas fueron como fueron. La novela apenas llegó a los puntos de venta y su proyección fue muy relativa…

Y aun así…

Aun así, su repercusión fue mucho mayor de lo esperado en esas adversas circunstancias. Como dijo en su momento el amigo Montero Glez, se convirtió en un «bestseller de minorías». Durante mucho tiempo no hubo mes que no recibiese dos o tres correos electrónicos de personas interesándose por la adquisición de un ejemplar.

Según tengo entendido, fue de esa peculiar forma como consiguió que la novela fuese publicada en Inglaterra.

Sí, la anécdota es curiosa pero demasiado larga de contar. Quizá otro día. Pero sí: gracias a un rocambolesco contacto por email, Stuart Christie, un anarquista histórico de los años 60, apostó por la traducción y publicación de la novela en inglés. Un hito bastante complicado debido a la idiosincrasia de su mercado editorial —los que se dedican a esto de darle a la tecla saben a qué me refiero— del que estoy muy orgulloso.

En fechas más recientes, El hombre que mató a Durruti ha conocido un nuevo renacimiento, ¿no es así?

Al final el tiempo da o quita razones. Hace un par de años y debido a ese interés constante que antes comentaba, me planteé la posibilidad de reeditar la novela. Trabé contacto con varias editoriales y al final llegué a un acuerdo con la editorial Aladena, que fue la única que se avino a aceptar las condiciones en las que yo quería reeditarla. Desde el pasado mes de noviembre está en la calle una edición revisada y corregida de El hombre que mató a Durruti a la que acompaña un epílogo en clave de ensayo que habla sobre la figura de Durruti y explica algunas cuestiones interesantes sobre la génesis de la novela. Y que incluye alguna que otra sorpresa historiográfica producto de algunos de mis descubrimientos durante el proceso de documentación y de otros conocidos después de la publicación de la primera edición.


Sigamos con su carrera literaria. ¿Qué ocurre después de ganar el premio Saramago?

Que una vez inoculado el virus de la escritura y saboreado el placer que supone el que tu trabajo sea apreciado por otros, ya no puedes parar. Lo siguiente que escribí fue Muñecas tras el cristal, una novela en la que aproveché muchos de mis conocimientos sobre informática derivados de mi profesión para plantear una historia que tenía como telón de fondo la pornografía en Internet.

¿Y le fue más sencillo publicarla, habiendo abierto brecha ya con su anterior novela?

En absoluto. Algo que la gente ajena al mundillo literario desconoce es que, a no ser que un día tengas la fortuna de pegar un pelotazo bestsellero de aupa, cada publicación hay que pelearla prácticamente novela a novela. Se piensan que por haber logrado publicar una vez, ya tienes las puertas abiertas y es completamente falso. Yo tuve la gran suerte de dar con Cristina Salama, increíble profesional, que se enamoró de la novela y admitió representarme como agente literario. Y a partir de ahí, contando con los servicios de un agente, es cuando sí se tienen más posibilidades. Porque el patrimonio de un agente literario es básicamente su perspicacia, su capacidad de negociación y su agenda de contactos. Él sí puede llamar a puertas que tú tienes vedadas. Y gracias a sus gestiones logramos publicar Muñecas tras el cristal.



Sin embargo, ésta tampoco fue la novela que le dio a conocer de una forma más amplia. ¿La consideraría un fiasco?

Vamos a ver, criatura. ¿Tú estás aquí para entrevistarme o para llevarme de disgusto en disgusto?...

No pretendía ofenderle con mi pregunta.

Yo no considero en absoluto a ninguna de mis novelas un fiasco. Hay novelas funcionales, como las que yo escribo…

Perdone la interrupción. ¿Que quiere decir con funcionales?

Que sólo buscan cumplir su cometido sin mayores pretensiones.

¿Cometido que consiste en…?

Contar una historia interesante, novedosa en la medida de nuestras posibilidades, y hacerlo de la forma más eficaz posible con el fin de lograr que el lector disfrute con su lectura.

¿Pero, al fin y al cabo, no sería ese el cometido de toda novela, funcional o no?

Si usted lo dice…. Bajo el apelativo de novela yo he visto ejercicios de onanismo prosístico llevados a cabo por apóstoles de yo-mi-me-conmigo que harían sonrojar al mismo Narciso. Y que ni contaban una historia ni hacían disfrutar al lector. Lo peor que le puede pasar a una novela es que su autor pretenda hacer un ejercicio trascendente de destreza literaria en lugar de narrar una historia.

Prosiga, por favor.

Como le decía, hay novelas funcionales como las mías que, al no ser obras cumbre de la Literatura mundial —algo de lo que soy perfectamente consciente—, deben pelear con muchas otras iguales a ella en un mercado en el que influyen muchos factores ajenos a la propia novela: la voluntad del editor, la visibilidad de la obra, su promoción, los canales de distribución… Y manejando esos factores hay veces que se tiene suerte y hay veces que no. Mis novelas siempre han tenido una muy buena aceptación boca-oreja pero para que eso convierta tu texto en un boom editorial es necesaria una masa crítica de lectores que se consiguen aplicando los factores que he mencionado antes. Cuando esos factores fallan o no existen, poco puede hacerse. Tú puedes escribir la mejor novela del mundo. Si nadie se preocupa de informar al mundo de que tu obra existe, tendrás cero lectores. Matemática pura.

¿Obtuvo esa masa crítica a la que alude con El documento Saldaña, su última novela publicada

Me acerqué bastante más que con mis anteriores experiencias editoriales. El apoyo de un gran grupo editorial como Planeta tiene muchas ventajas y una de las más esenciales es la gran capacidad de su maquinaria de distribución. Estar presente en prácticamente todas las librerías del país te ayuda muy mucho a llegar a mucha gente. También habría que hablar quizá de por qué El documento Saldaña despertó el interés de Planeta. Es una novela con una historia muy atractiva, intrigante, muy dinámica, escrita desde la experiencia que te dan los años de oficio y los golpes del camino. Con una trama más meditada y unos personajes más trabajados, más perfilados, con más luces y sombras.


Háblenos de su próxima novela, La senda trazada, que al parecer será publicada este otoño.

La novela tuvo la fortuna de erigirse en ganadora del certamen Luis Berenguer de novela del año pasado. Además de la dotación en metálico, el premio conlleva la publicación de la obra. En esta ocasión espero que, en lo relativo a su publicación, me acompañe una mayor suerte que en mi anterior experiencia como ganador de un certamen. El hecho de que una editorial de la talla de Algaida sea la que se haga cargo de la tarea ya me ofrece una cierta tranquilidad al respecto. La novela no se aleja de los cánones en los que me muevo habitualmente pero sí juega con elementos que no había empleado hasta este momento. Es una historia de intriga que gira en torno a un elemento poco común de carácter sobrenatural. A grandes rasgos, La senda trazada sigue los pasos de la figura de Alfonso Heredia, un fotógrafo freelance que se hace con un libro de origen y fecha desconocidos. A medida que lo lee va descubriendo que su contenido escapa a toda lógica, y que sus textos hacen referencia a una serie de hechos que pueden cambiar su vida, bastante complicada en muchos aspectos, y la vida de otros. En la novela, se parte de la premisa de que lo que ocurre en nuestras vidas no es aleatorio, sino que sucede porque forma parte de un propósito. La obra plantea en qué medida nos facilitaría la vida conocer de antemano lo que tiene que suceder. Y se reflexiona, a partir de las experiencias y pensamientos del protagonista, sobre la disyuntiva moral que supone aprovechar o no ese conocimiento moroso y ventajista en beneficio propio.

Pues permítame decirle que, por lo que cuenta, La senda trazada tiene una pinta excelente. Estoy deseando echarle un ojo.

Espero de veras que disfrute con su lectura. Yo me lo he pasado estupendamente escribiéndola.

Antes comentaba que en su decisión de ser escritor influyó mucho su faceta como lector. «El lector que pretende dar un paso más allá y bla, bla, bla…». Cíteme el último libro que ha leído, el que está leyendo en estos momentos y el próximo que leerá.

El último leído fue Antirresurrección de Juan Ramón Biedma. Una atípica novela de zombies, de lo mejor que he leído en los últimos tiempos. Ahora mismo estoy leyendo El alcalde del crimen de Francisco Balbuena, una interesante novela ambientada en la Sevilla del siglo XVIII y la siguiente que me espera es Caminarás con el sol de Alfonso Mateo Sagasta, una novela de la que tengo muy buenas referencias y que estoy seguro que me gustará, como todo lo que he leído de él hasta el momento.

Una última pregunta. ¿Qué opina del panorama literario actual en España y de los escritores que lo componen?

A pesar de las apocalípticas sentencias de los agoreros que dicen que se está agusanando y que esto se acaba, tengo muy buena opinión en general. Básicamente todas mis lecturas del último año han sido de libros escritos por autores españoles. Bien es cierto que el motivo principal es que, cuando entras a formar parte de este entramado, uno tiende a leer —con curiosidad las más de las veces, con envida en algunas— lo que escriben tus amigos/compañeros/contrincantes pero puedo decir con satisfacción que la gran parte de lo leído tiene, por lo general, un alto nivel de calidad. Y no me remito a los consagrados sino a una gran cantidad de valores emergentes que tienen mucho que contar y mucho oficio para hacerlo con solvencia: Juan Ramón Biedma, Francis P. Fernandez, Jerónimo Tristante, Carlos Salem, Cristina Fallarás, Jorge Díaz, David Torres, Montero Glez, Javier Puebla, Marta Rivera de la Cruz, Alfonso Mateo Sagasta, Ignacio del Valle… Que me perdonen los omitidos, que son muchos, pero la lista sería extensísima. Lo que es síntoma de excelente salud.




5 comentarios:

  1. Jo, Pedrito, y porque no querías...

    No, en serio, muy bien y muy completito. Y yo que creía que te conocía, tío.

    Gracias por tu colaboración y un abrazo muy fuerte desde esta casa que, ya lo sabes, es también la tuya.

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  2. Excelente entrevistador y entrevistado.
    La foto muy buena.

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  3. Una entrevista magnífica, me identifiqué con tus respuestas.
    Me alegra haberte conocido un poco más.
    Saludos.

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  4. Buena autoentrevista, dan ganas de conocer más. Muñecas tras el cristal me llegó con mi último pedido y estoy esperando hacerle hueco para leerlo. El primer capítulo lo leí en la web/blog, no lo recuerdo, hace un tiempo y prometía.

    Estoy de acuerdo con la buena salud del panorama nacional, de hecho no sé si será que cada vez hay más gente con talento o yo tengo menos tiempo, pero siempre tengo la sensación de no abarcar, de estar perdiéndome cosas muy interesantes.

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  5. Gracias, Pakosky. Es grato encontrarse entre amigos.

    Adriana, Mercedes, me alegra que os haya gustado la "gamberrada" :-)

    Espero que disfrutes con la lectura, Enea

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