La editorial Salto de Página te invita a la presentación al público en Barcelona de la última novela de Juan Ramón Biedma, El humo en la botella. El acto tendrá lugar el jueves 1 de julio a las 19:30 en la librería Negra y Criminal (c/de la Sal, 5), y contará con la presencia del autor, presentado por los escritores Raúl Argemí y Cristina Fallarás.
Además, Juan Ramón Biedma estará firmando ejemplares de El humo en la botella el viernes 2 de julio en la FNAC El Triangle (Plaza Catalunya,4), desde las 19:30, también acompañado por Cristina Fallarás y Raúl Argemí.
El episodio del cuarto de basuras no tardó en caer en el olvido. A Fear le hizo la vida mucho más fácil, al consejo directivo de la institución correccional también, pues ya no había que ocuparse del disoluto machito del lugar reducido ahora a tuerto ridiculizado. Meses después aquello era una mera nota a pie de página en un expediente. Más tarde, el dato terminó por consumirse entre las cenizas de la burocracia. Simplemente se borró. Es lo que tiene el hecho de parecer buena gente, que la mayor parte de los idiotas que te rodean terminan creyendo que lo eres de veras.
Pasados dos años, el propio director del centro despedía a Fear con lágrimas en los ojos desde el portón principal de la cárcel para niños. Sólo le faltaba agitar un pañuelo para que aquello pareciese un auténtico melodrama digno de culebrón venezolano. Entretanto a través de la luneta trasera del voluminoso todoterreno coreano, que todavía olía a nuevo, el mocito le miraba indiferente pensando por enésima vez que era un completo gilipollas.
Luego examinó a su nueva familia con detenimiento.
Mami, al volante, era una rubia pija, de muy buen ver, bañada en UVA y con supuestas ínfulas humanitarias. El nene, a su derecha, tenía toda la pinta atribuible a un proyecto de enano mental, gesto bobalicón y labio colgante, que hacía chocar entre sí dos monstruitos de plástico haciendo ruidos estúpidos aderezados con una buena dosis de perdigones.
En el asiento del copiloto iba Mila –sólo se había quedado con este nombre-. La fascinante Mila.
Ella gira la cabeza al sentirse observada.
Sus miradas se cruzan. Y se reconocen.
Entonces Fear cierra los ojos, echa la cabeza hacia atrás, y empieza a fantasear con todas esas cosas que tanto le gustan y que nadie sabe. No deja de hacerlo durante todo el camino.
Seguro que ya te has olvidado con tanto jaleo, pero te aseguro que me entrevistas. Y además, que en un arrebato de estúpida sinceridad propia de un autor no maleado por las cornadas de la crítica más severa, te lo conte todo, todo, todo.
No volverá a suceder por lo que si quieres acordarte, acumular archivos inútiles en tu disco duro o quizá leérselo a alguien, pincha aquí debajo:
No es fácil para mí hablar de tu nueva novela, y no lo es por muchos motivos. Porque la vi gestarse, la vi imaginarse casi, y te vi escribirla, y me vi leyéndola. Me vi dándote la paliza con mis ocurrencias e incluso me vi sufriendo porque la quiero como mía, porque te vi dolido y porque te hicieron sufrir (bien lo sabes). No obstante, no habiendo mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista, también es cierto, hermano, amigo, que lo bueno no puede ocultarse, que el talento desborda límites, rompe costuras y se impone. El talento sabe más que los mortales, y se muestra a los que saben escuchar sus susurros.
Y la gente de la editorial Salto de Página ha sabido. Hurra.
“El humo en la botella” es, como siempre, una novela de novelas que viene a cerrar un ciclo, a culminar una trilogía. Esa que comenzaste con “El espejo del monstruo” (donde la pesadilla se nos presenta en mitad del sueño), y que continuó con “El efecto Transilvania” (donde todo se precipita hacia el delirio). Ahora del delirio surge una loca realidad en la que todo converge y de la que nada puede decirse más allá de la sensación de estupefacción, la sorpresa, el misterio. Por supuesto, y ahí está la mayor ironía –tal vez magia- de todo esto, se puede arrancar la lectura por cualquier parte porque las locuras siguen cursos en espiral y todo principio viene de un final que se transforma en comienzo. En efecto. Estamos ante una odisea psicológica repleta de giros, laberintos, avances y retrocesos. Durante un tiempo la llamé “realismo alucinatorio”, y creía que era una buena descripción, pero he terminado por entender que no he entendido casi nada. Que todo es más profundo e insondable.
Y en ello estoy. Buscando el final de la caída libre.
Algo he aprendido sin embargo: que nadie puede estar cuerdo en un mundo en el que “los asilos de lujo para enfermos psiquiátricos son tan relajantes que termina siendo casi imposible resistirse a incendiarlos con sus cuidadores dentro”. En efecto. Nadie. Quizá la locura no sea otra cosa que excentricidad maldisimulada o puede que la enajenación ni tan siquiera exista. Que sea un invento más de entre los muchos con los que nos ha venido a alumbrar esa falacia llamada Ilustración. La luz. Sólo porque hay iluminadores, iluminados e iluminación, es que hay sombras, penumbras, recodos negros. Quizá ilustrar e ilustrarse solo sea posible por comparación: enfrentándose a los necios. Quizá la cordura sólo exista por reflejo, como negación de todo aquello que no nos gusta reconocer en nuestra naturaleza. El humo que flota en el interior de nuestras cabezas (botellas).
No sé si tú, visitante, eres un lector habitual de mi querido Biedma. No tengo ni idea. Si lo eres no habrá nada que yo pueda decirte al respecto, pero si decides intentarlo te aseguro que no te vas a arrepentir, que no podrás probar sólo una, que no te faltarán las emociones intensas, que vas a enfrentarte a las páginas de uno de los mejores escritores actuales –sin duda alguna- en lengua castellana… Que vas a disfrutar de veras haciendo eso que a ti y a mí nos gusta hacer: leer y gozar leyendo.
El humo te está esperando dentro de la botella. En tu librería. Sin duda me lo vas a agradecer tanto como yo se lo agradezco al bueno de Juan Ramón. Muchas cosas le debo como lector y como escritor. Tantas que no se las puedo pagar con palabras. Espero, amigo, que te conformes con la profunda admiración que experimento al leerte.