Blog de contracorrección irreflexiva sobre antiquehaceres parartísticos

miércoles, 27 de abril de 2011

Frank G. Rubio no quiere a Caperucita


El amigo Frank G. Rubio fue a ver la que parecía prometedora peli de Caperucita Roja... Y al salir, borracho de justa ira, escribe y me envía esto que comparto con vosotros porque no he podido -entre risa y chiste- resistirme la tentación:

CAPERUCITA ROJA (Red Riding Hood)

Director: Catherine Hardwicke. Reparto: Amanda Seyfried, Shiloh Fernandez, Max Irons, Gary Oldman, Julie Christie, Lukas Haas, Virginia Madsen. Guión: David Johnson.

Decepción, bodrio, fiasco son palabras que acuden a mi mente cuando recuerdo las sensaciones despertadas en mi por esta película norteamericana contemporánea. La somnolencia, la incomodidad y la repelencia, ante el desarrollo del relato y los personajes, me inundaron casi desde los primeros diez minutos. Es obvio que vivimos malos momentos para la lírica y para todo lo demás y que el cine, no sólo el norteamericano, da sus últimas boqueadas. La conversión de los bípedos en vainas, en seres huecos rellenos con marketing y propaganda cada vez más impostadas, es ya la regla del mundo del consumo y la producción cultural.

T. P. en La Nueva España, diario independiente asturiano, se manifiesta con contundencia y, como estoy totalmente de acuerdo, le cito con amplitud: "En esta historieta de inocencias en peligro, instintos atávicos de colmillo sensual y amenazas en la sombra con identidades confusas no hay tensión alguna, el misterio brilla por su ausencia y los chispazos terroríficos se quedan en un quiero y no puedo acartonado y falto de garra. El romance es acaramelado y rancio, y los actores se mueven por los decorados como zombis que no saben muy bien de qué va la cosa. Y así, entre bostezo y bostezo, la revisión del cuento avanza hacia el precipicio a trompicones y con estética de anuncio de colonia con acento francés, muy lejos de aquella En compañía de lobos con la que Neil Jordan sí acertó a sacarle los colores a las andanzas de Caperucita y su lobo".

Hay que recordar que Neil Jordan, sin ser nada del otro mundo, no es Catherine Hardwicke; esta última, directora de Crepúsculo. Otra “ingeniosa” aportación, mequetréfica desde el punto de vista estético, al cine de vampiros dirigida a un público adolescente femenino al que se supone absolutamente idiotizado. Tampoco estamos en 1984 y el cine es aún peor que entonces. La batalla por destruir el Imaginario occidental, ya sea conscientemente o producto de la inercia, encuentra en esta película otro hito. No vale la pena perder el tiempo tratando de interpretar psicoanalíticamente nada. Destinada también a adolescentes del género femenino, la película no produce en mi sensibilidad de varón otra cosa que lástima. Comenzamos a vivir ya las consecuencias de haber permitido que el mundo cultural esté absolutamente domeñado por el dinero, el sectarismo y la ineptitud máximas. La película es norteamericana pero podría perfectamente haber sido española.

Ni Virginia Madsen (mediocre), ni Gary Oldman (odioso), ni Julie Christie (¿qué haces ahí abuelita?) pueden hacer nada por evitar la debacle. Una película pues insana, producto de la inercia de una industria agonizante y de la indiferencia y embrutecimiento de un público cada vez menos sofisticado. Sería convincente que el Lobo diera buena cuenta de los autores, y degustadores, de tantas infamias. Afortunadamente aún podemos quedarnos en casa o internarnos en el bosque y leer allí a Perrault o a los hermanos Grimm, tratando de imaginar con nuestras cabecitas, ya pochas por tanta ponzoña audiovisual de tres al cuarto, imágenes no manchadas con lo Políticamente Correcto o las pretensiones bárbaras y tergiversadoras del omnipresente Mammon.

Frank G.


Dicho queda. Y así os lo digo.

domingo, 24 de abril de 2011

MAYO NEGRO 2011

Amigos, este año tengo el pacer de estar invitado a la nueva edición del Mayo Negro, ese encuentro crucial alrededor de la cultura criminal que cada año -y ya van siete- organiza la Universidad de Alcante.

Os dejo el programa.-

Mayo Negro 2011: Séptima edición
"En las fronteras del género negro"
Dirigido por Mariano Sánchez Soler y Francisco J. Ortiz

Sede Ciudad de Alicante - Sala Rafael Altamira
(Avda. Ramón y Cajal 4, frente Paseo Canalejas)


Blade Runner


Miércoles 18 de mayo

19.00 h: Encrucijada de géneros: fórmula de detectives y ciencia ficción.
Conferencia de María José Álvarez Maurín (Universidad de León).

María José Álvarez Maurín. Profesora titular de Literatura Inglesa y Norteamericana y de Estudios Comparados de cine y literatura en la Universidad de León. Ha publicado el libro Claves para un enigma. La poética narrativa de Dashiell Hammett, donde estudia en profundidad la obra del autor de Cosecha roja, y numerosos artículos sobre el género negro y sobre cine de juicios americanos. Dirige el Congreso Internacional de Ficción Criminal, que se celebra en la Universidad de León cada dos años, y es Investigadora Principal del Proyecto I+D+i sobre el estudio de la novela y el cine negro en Europa.

20.00 h: Los mecanismos del mal. Encuentro con José Luis Muñoz.
Presenta: Mariano Sánchez Soler.

José Luis Muñoz (Salamanca, 1951). Ha ganado algunos de los premios más importantes del panorama literario español (Tigre Juan, Azorín, Café Gijón, La Sonrisa Vertical, Camilo José Cela...) y tiene publicados veinticuatro novelas de todos los géneros y cuatro libros de relatos. Dentro del género negro ha publicado, entre otras, las novelas El cadáver bajo el jardín, Barcelona negra, La casa del sueño, Pubis de vello rojo, Mala hierba, La precipitación, Lluvia de níquel, Último caso del inspector Rodríguez Pachón, La caraqueña del Maní, El mal absoluto, El corazón de Yacaré, La Frontera Sur y Marea de sangre, que han recibido excelentes críticas y de las cuales algunas han sido traducidas al búlgaro, checo, italiano y francés. Muñoz entiende y aborda el género negro desde su perspectiva más oscura, y sus novelas tratan, todas ellas, de descubrir los mecanismos de la maldad humana desde el interior de los que quebrantan normas y leyes. No es un autor para mentes pusilánimes, por la dosis de violencia y sexo que suelen contener sus páginas, y sus novelas, tremendamente originales y estilísticamente tan diferentes, provocan en el lector todo menos indiferencia.

José Luis Muñoz


Jueves 19 de mayo

19.00 h: El país de los ciegos. Presentación de la novela de Claudio Cerdán.Encuentro con el autor.

20.00 h: La Virgen María con un kalashnikov. Encuentro con Juan Ramón Biedma.
Presenta: Francisco J. Ortiz.

Juan Ramón Biedma (Sevilla). Desde que en 2004 publicara su primera novela, El manuscrito de Dios, ha recibido numerosos galardones, el aplauso unánime de la crítica y el apoyo de una legión de seguidores de gusto tan heterodoxo y radical como el suyo. A su debut, además de varios relatos en distintas antologías, le siguieron las novelas El espejo del monstruo, El imán y la brújula (premios Hammett y Novelpol a la mejor novela policíaca del año), El efecto Transilvania y El humo en la botella... hasta llegar a su última obra, Antirresurrección, donde fusiona el género negro y las historias de zombis. Traducido al portugués, griego, alemán, ruso y turco, también ha hecho una incursión en el cómic con Riven. La ciudad observatorio. Sabedor de que para innovar en el campo de la narrativa hay que conocer muy bien aquello que se pretende innovar, Biedma ha demostrado, además de ser un esteta de la palabra, conocer como nadie la construcción de una novela policíaca con todas las de la ley: elementos fundamentales como el crimen, la investigación o el suspense nunca faltan en su obra... si bien su interés por los relatos fantásticos, la atmósfera gótica y el lado más oscuro de la psique humana han hecho de él un autor para lectores osados que no temen ser sorprendidos, o incluso asustados, casi a cada página.

Juan Ramón Biedma


Viernes 20 de mayo

18.00 h: Cineoscurocasinegro.Por Francisco J. Ortiz (Universidad de Alicante). Conferencia y presentación del ciclo de cine neonoir estadounidense.

Francisco J. Ortiz (Villena, Alicante, 1976). Licenciado en Filología Hispánica, es profesor de Lengua y Literatura Castellana después de haber ejercido como editor digital. Crítico especializado en cine y cómic, ha escrito con Jesús Lens el libro Hasta donde el cine nos lleve. Viajes y escenarios de película (Almed, 2009), y sus relatos y artículos han aparecido en diversas antologías y publicaciones. Cuenta con una columna de opinión en El Periódico de Villena y es autor del blog cultural Abandonad toda esperanza.com.

18.30 h: Proyección: Carretera perdida (Lost Highway, 1997).
Director: David Lynch. Intérpretes: Bill Pullman, Patricia Arquette, Balthazar Getty. 128 min.

20.30 h: Coloquio: "El asesino dentro de mí: Carretera perdida de David Lynch".
Con: Israel Gil, Miguel Rojas, Gabriel Terol. Modera: Francisco J. Ortiz.

Carretera perdida


Sábado 21 de mayo

18.00 h: Proyección: Brick (Brick, 2005).
Director: Rian Johnson. Intérpretes: Joseph Gordon-Levitt, Nora Zehetner, Lukas Haas. 105 min.

20.00 h: Proyección: El corazón del ángel (Angel Heart, 1987).
Director: Alan Parker. Intérpretes: Mickey Rourke, Robert De Niro, Lisa Bonet. 108 min.

Brick


(Proyecciones en versión original en inglés con subtítulos en castellano)

Con la colaboración de la Librería 80 Mundos, de Alicante,
y el Centro de Estudios Ciudad de la Luz.

domingo, 17 de abril de 2011

Pedro de Paz desde Pedro de Paz


Unos amigos irresponsables —no por irresponsables menos amigos— que regentan un peculiar blog —éste— me invitan a participar a lo que ellos llaman «un curioso experimento»: una autoentrevista. Tratan de venderme la moto con afirmaciones oportunistas como «La entrevista definitiva: la autoentrevista. Contesta a todo aquello que nunca has podido o te has atrevido a responder. Te damos una oportunidad única: plantéate tú mismo las preguntas que te gustaría contestar, respóndelas y nos las envías». Lo que pasa es que son más perros que Rintintin y pasan de currárse las preguntas. Yo lo sé y ellos lo saben. Pero, como digo, son amigos. Y uno, por los amigos que aprecia, hace de su capa un sayo y tira p’alante. Así que allá vamos.

Mi nombre es Pedro de Paz y ejerzo el honroso oficio de novelista. Hasta el momento he publicado tres novelas —El hombre que mató a Durruti (2004, 2010), Muñecas tras el cristal (2006) y El documento Saldaña (2008)— y ando en vías de publicar la cuarta, que saldrá a la calle en otoño del presente año —La senda trazada (2011)—. Dos de ellas, la primera y la última, fueron acreedoras de los premios de novela «José Saramago 2003» y «Luis Berenguer 2010» respectivamente. También he colaborado en distintas antologías colectivas de relatos —La vida es un bar (2006) y La lista negra (2009)— y he hecho mis pinitos en el mundo del articulismo.

Suelo practicar novela de género, principalmente de intriga y aventuras, —thrillers que dicen los angloparlantes— en las que empleo con profusión y sin asomo de pudor recursos cercanos al género policíaco y negro.

El resto de mis circunstancias personales carecen de relevancia.

Sin más, procedamos con la entrevista, que se hace tarde.


¿Cómo y cuándo se inicia usted en la Literatura?

Todo comienza en el año 2002. Yo llevaba más de quince años dedicándome profesionalmente a la informática y por una serie de razones largas de explicar —y que probablemente no interesen a nadie—, tras todo ese tiempo, sufrí una crisis profesional. Necesitaba hacer algo que reavivase mis sentidos. Y opté por recuperar una antigua afición juvenil que había abandonado hacía mucho tiempo: escribir. Pequeños relatos en principio que, poco a poco, fueron ganando en extensión y profundidad. De ahí surgió mi primera novela, El hombre que mató a Durruti

Una novela puramente policíaca, muy canónica en su concepción, que aprovecha el tirón de la novela negra…

Pues no, señor entrevistador-sabelotodo. En el 2003, cuando la escribí, en España hacían novela negropolicíaca tres y el del tambor. Yo no me apunté a ningún carro ya que el tirón de la novela negra, suecos incluidos, llegó bastante después. Su génesis tuvo más que ver con mis preferencias como lector y mi deseo de escribir una novela a la Doyle, a modo de sentido homenaje al maestro. En ella recreaba, tratando de emular un tono muy parecido al que empleaba Conan Doyle en su Holmes, las distintas hipótesis existentes sobre las oscuras circunstancias en las que se produjo la muerte del líder anarquista Buenaventura Durruti, ocurrida a principios de la Guerra Civil Española…

 

Ya. Entonces el tirón que quiso aprovechar fue el de los textos basados en la Guerra Civil, muy en boga por aquellas fechas…

[El entrevistado observa al entrevistador con manifiesta hostilidad] Como no deje de interrumpirme, el tirón se lo voy a dar yo en… Lo de la Guerra Civil, aunque meditado, fue circunstancial. Soy un apasionado estudioso de la Historia de España y ya tenía constancia previa de las peculiares circunstancias de la muerte de Durruti, un enigma en toda regla. Yo quería escribir una novela policíaca y tenía un apasionante enigma entre las manos. No hubo más que sumar dos más dos.

¿Qué hizo cuando concluyó su primera novela?

En aquella época yo no me había planteado ni siquiera publicar ni tenía contacto con nadie del mundo literario o editorial. Escribía porque me ayudaba a sentirme libre, a recrear historias que, como lector, no había leído en manos de nadie y que me apetecía conocer. Siguiendo los consejos de algunos amigos que me decían que la trama era muy buena —los amigos, ya se sabe…— decidí intentar lo que me resultaba más cercano, más accesible, aquello para lo que no necesitaba de ningún auspiciamiento. Y tras pulirla un poco la presenté en el 2003 a un certamen literario, el «José Saramago» de novela que conllevaba un premio en metálico y la publicación de la novela premiada.

Y acertó de pleno.

Eso o que los hados estaban de mi parte. Pero puede usted hacerse una idea del subidón que supone para un diletante sin muchas aspiraciones en ese momento el que, con su primera novela, se presente por primera vez en su vida a un certamen literario y lo gane. Eso fue lo que me hizo pensar que lo que yo escribía quizá pudiera tener algún interés para los demás. Y plantearme una serie de cuestiones que hasta ese momento ni siquiera habían pasado por mi cabeza. Como la de dedicarme a esto.

Sin embargo, aquella primera experiencia no fue demasiado bien…

[El entrevistado vuelve a mirar al entrevistador con cara de pocos amigos. Su rostro, cetrino, se contrae en una mueca casi imperceptible] Desde el punto de vista de la concesión del premio, fue una experiencia excepcional. Desde el punto de vista de la publicación, no. Se trataba de un certamen modesto y de alta vocación institucional. La publicación de la novela fue casi un trámite y su distribución, meramente testimonial. No crea que soy un desagradecido. Estoy muy orgulloso de haber ganado ese premio, pero las cosas fueron como fueron. La novela apenas llegó a los puntos de venta y su proyección fue muy relativa…

Y aun así…

Aun así, su repercusión fue mucho mayor de lo esperado en esas adversas circunstancias. Como dijo en su momento el amigo Montero Glez, se convirtió en un «bestseller de minorías». Durante mucho tiempo no hubo mes que no recibiese dos o tres correos electrónicos de personas interesándose por la adquisición de un ejemplar.

Según tengo entendido, fue de esa peculiar forma como consiguió que la novela fuese publicada en Inglaterra.

Sí, la anécdota es curiosa pero demasiado larga de contar. Quizá otro día. Pero sí: gracias a un rocambolesco contacto por email, Stuart Christie, un anarquista histórico de los años 60, apostó por la traducción y publicación de la novela en inglés. Un hito bastante complicado debido a la idiosincrasia de su mercado editorial —los que se dedican a esto de darle a la tecla saben a qué me refiero— del que estoy muy orgulloso.

En fechas más recientes, El hombre que mató a Durruti ha conocido un nuevo renacimiento, ¿no es así?

Al final el tiempo da o quita razones. Hace un par de años y debido a ese interés constante que antes comentaba, me planteé la posibilidad de reeditar la novela. Trabé contacto con varias editoriales y al final llegué a un acuerdo con la editorial Aladena, que fue la única que se avino a aceptar las condiciones en las que yo quería reeditarla. Desde el pasado mes de noviembre está en la calle una edición revisada y corregida de El hombre que mató a Durruti a la que acompaña un epílogo en clave de ensayo que habla sobre la figura de Durruti y explica algunas cuestiones interesantes sobre la génesis de la novela. Y que incluye alguna que otra sorpresa historiográfica producto de algunos de mis descubrimientos durante el proceso de documentación y de otros conocidos después de la publicación de la primera edición.


Sigamos con su carrera literaria. ¿Qué ocurre después de ganar el premio Saramago?

Que una vez inoculado el virus de la escritura y saboreado el placer que supone el que tu trabajo sea apreciado por otros, ya no puedes parar. Lo siguiente que escribí fue Muñecas tras el cristal, una novela en la que aproveché muchos de mis conocimientos sobre informática derivados de mi profesión para plantear una historia que tenía como telón de fondo la pornografía en Internet.

¿Y le fue más sencillo publicarla, habiendo abierto brecha ya con su anterior novela?

En absoluto. Algo que la gente ajena al mundillo literario desconoce es que, a no ser que un día tengas la fortuna de pegar un pelotazo bestsellero de aupa, cada publicación hay que pelearla prácticamente novela a novela. Se piensan que por haber logrado publicar una vez, ya tienes las puertas abiertas y es completamente falso. Yo tuve la gran suerte de dar con Cristina Salama, increíble profesional, que se enamoró de la novela y admitió representarme como agente literario. Y a partir de ahí, contando con los servicios de un agente, es cuando sí se tienen más posibilidades. Porque el patrimonio de un agente literario es básicamente su perspicacia, su capacidad de negociación y su agenda de contactos. Él sí puede llamar a puertas que tú tienes vedadas. Y gracias a sus gestiones logramos publicar Muñecas tras el cristal.



Sin embargo, ésta tampoco fue la novela que le dio a conocer de una forma más amplia. ¿La consideraría un fiasco?

Vamos a ver, criatura. ¿Tú estás aquí para entrevistarme o para llevarme de disgusto en disgusto?...

No pretendía ofenderle con mi pregunta.

Yo no considero en absoluto a ninguna de mis novelas un fiasco. Hay novelas funcionales, como las que yo escribo…

Perdone la interrupción. ¿Que quiere decir con funcionales?

Que sólo buscan cumplir su cometido sin mayores pretensiones.

¿Cometido que consiste en…?

Contar una historia interesante, novedosa en la medida de nuestras posibilidades, y hacerlo de la forma más eficaz posible con el fin de lograr que el lector disfrute con su lectura.

¿Pero, al fin y al cabo, no sería ese el cometido de toda novela, funcional o no?

Si usted lo dice…. Bajo el apelativo de novela yo he visto ejercicios de onanismo prosístico llevados a cabo por apóstoles de yo-mi-me-conmigo que harían sonrojar al mismo Narciso. Y que ni contaban una historia ni hacían disfrutar al lector. Lo peor que le puede pasar a una novela es que su autor pretenda hacer un ejercicio trascendente de destreza literaria en lugar de narrar una historia.

Prosiga, por favor.

Como le decía, hay novelas funcionales como las mías que, al no ser obras cumbre de la Literatura mundial —algo de lo que soy perfectamente consciente—, deben pelear con muchas otras iguales a ella en un mercado en el que influyen muchos factores ajenos a la propia novela: la voluntad del editor, la visibilidad de la obra, su promoción, los canales de distribución… Y manejando esos factores hay veces que se tiene suerte y hay veces que no. Mis novelas siempre han tenido una muy buena aceptación boca-oreja pero para que eso convierta tu texto en un boom editorial es necesaria una masa crítica de lectores que se consiguen aplicando los factores que he mencionado antes. Cuando esos factores fallan o no existen, poco puede hacerse. Tú puedes escribir la mejor novela del mundo. Si nadie se preocupa de informar al mundo de que tu obra existe, tendrás cero lectores. Matemática pura.

¿Obtuvo esa masa crítica a la que alude con El documento Saldaña, su última novela publicada

Me acerqué bastante más que con mis anteriores experiencias editoriales. El apoyo de un gran grupo editorial como Planeta tiene muchas ventajas y una de las más esenciales es la gran capacidad de su maquinaria de distribución. Estar presente en prácticamente todas las librerías del país te ayuda muy mucho a llegar a mucha gente. También habría que hablar quizá de por qué El documento Saldaña despertó el interés de Planeta. Es una novela con una historia muy atractiva, intrigante, muy dinámica, escrita desde la experiencia que te dan los años de oficio y los golpes del camino. Con una trama más meditada y unos personajes más trabajados, más perfilados, con más luces y sombras.


Háblenos de su próxima novela, La senda trazada, que al parecer será publicada este otoño.

La novela tuvo la fortuna de erigirse en ganadora del certamen Luis Berenguer de novela del año pasado. Además de la dotación en metálico, el premio conlleva la publicación de la obra. En esta ocasión espero que, en lo relativo a su publicación, me acompañe una mayor suerte que en mi anterior experiencia como ganador de un certamen. El hecho de que una editorial de la talla de Algaida sea la que se haga cargo de la tarea ya me ofrece una cierta tranquilidad al respecto. La novela no se aleja de los cánones en los que me muevo habitualmente pero sí juega con elementos que no había empleado hasta este momento. Es una historia de intriga que gira en torno a un elemento poco común de carácter sobrenatural. A grandes rasgos, La senda trazada sigue los pasos de la figura de Alfonso Heredia, un fotógrafo freelance que se hace con un libro de origen y fecha desconocidos. A medida que lo lee va descubriendo que su contenido escapa a toda lógica, y que sus textos hacen referencia a una serie de hechos que pueden cambiar su vida, bastante complicada en muchos aspectos, y la vida de otros. En la novela, se parte de la premisa de que lo que ocurre en nuestras vidas no es aleatorio, sino que sucede porque forma parte de un propósito. La obra plantea en qué medida nos facilitaría la vida conocer de antemano lo que tiene que suceder. Y se reflexiona, a partir de las experiencias y pensamientos del protagonista, sobre la disyuntiva moral que supone aprovechar o no ese conocimiento moroso y ventajista en beneficio propio.

Pues permítame decirle que, por lo que cuenta, La senda trazada tiene una pinta excelente. Estoy deseando echarle un ojo.

Espero de veras que disfrute con su lectura. Yo me lo he pasado estupendamente escribiéndola.

Antes comentaba que en su decisión de ser escritor influyó mucho su faceta como lector. «El lector que pretende dar un paso más allá y bla, bla, bla…». Cíteme el último libro que ha leído, el que está leyendo en estos momentos y el próximo que leerá.

El último leído fue Antirresurrección de Juan Ramón Biedma. Una atípica novela de zombies, de lo mejor que he leído en los últimos tiempos. Ahora mismo estoy leyendo El alcalde del crimen de Francisco Balbuena, una interesante novela ambientada en la Sevilla del siglo XVIII y la siguiente que me espera es Caminarás con el sol de Alfonso Mateo Sagasta, una novela de la que tengo muy buenas referencias y que estoy seguro que me gustará, como todo lo que he leído de él hasta el momento.

Una última pregunta. ¿Qué opina del panorama literario actual en España y de los escritores que lo componen?

A pesar de las apocalípticas sentencias de los agoreros que dicen que se está agusanando y que esto se acaba, tengo muy buena opinión en general. Básicamente todas mis lecturas del último año han sido de libros escritos por autores españoles. Bien es cierto que el motivo principal es que, cuando entras a formar parte de este entramado, uno tiende a leer —con curiosidad las más de las veces, con envida en algunas— lo que escriben tus amigos/compañeros/contrincantes pero puedo decir con satisfacción que la gran parte de lo leído tiene, por lo general, un alto nivel de calidad. Y no me remito a los consagrados sino a una gran cantidad de valores emergentes que tienen mucho que contar y mucho oficio para hacerlo con solvencia: Juan Ramón Biedma, Francis P. Fernandez, Jerónimo Tristante, Carlos Salem, Cristina Fallarás, Jorge Díaz, David Torres, Montero Glez, Javier Puebla, Marta Rivera de la Cruz, Alfonso Mateo Sagasta, Ignacio del Valle… Que me perdonen los omitidos, que son muchos, pero la lista sería extensísima. Lo que es síntoma de excelente salud.




lunes, 11 de abril de 2011

Domesticación Emocional (IV): Los Miserables



Lo que convierte al clásico en tal es su inmortalidad. Pero eso que llamamos "inmortal" no es cosa de contenidos estéticos o habilidades literarias, sino la capacidad premonitoria. Su valor profético. Los clásicos lo son porque parecen escritos ayer por la tarde... Así ocurre que uno siempre retorna por se encuentra en ellos, y lo encuentra, y lo ve, y lo comprende y se lo explica... Así es que esta misma tarde dominical, entre el tedio y el no sé qué hago, me da por releer, a pellizcos, ese novelón glorioso que es "Los miserables", del gran Víctor Hugo, y a bote pronto me encuentro con lo siguiente:

"Después se preguntó si era el único que había obrado mal en tal fatal historia; si no era una cosa grave que él, trabajador, careciese de trabajo; que él, laborioso, careciese de pan; si, después de cometida y confesada la falta, el castigo no había sido feroz y extremado; si no había más abuso por parte de la ley en la pena que por parte del culpado en la culpa; si el recargo de la pena no era el olvido del delito, y no producía por resultado elcambio completo de la situación, reemplazando la falta del delincuente con el exceso de la represión, transformando al culpado en víctima, y al deudor en acreedor, poniendo definitivamente elderecho de parte delmismo que lo había violado; si esta pena, complicada por recargos sucesivos por las tentativas de evasión, no concluía por ser una especie de atentado del fuerte contra el débil, un crimen de la sociedad contra el individuo; un crimen que empezaba todos los días; un crimen que se cometía continuamente por espacio de diecinueve años.
Se preguntó si la sociedad humana podía tener el derecho de hacer sufrir igualmente a sus miembros, en un caso su imprevisión irracional, y en otro su impía previsión; y de apoderarse para siempre de un hombre entre una falta y un exceso; falta de trabajo, exceso de castigo".

Terrible. Hugo podría haberlo escrito ayer y se comprende que deba sujetarse la cabeza con tan grave hastío.

Hace diez minutos.

Su mundo era el nuestro sin lugar a la duda. Sus sueños de progreso eran los del presente. La miseria idéntica, al igual que la desvergüenza y el horror de la desprotección y el abandono andrajoso. Su mundo fue un espejo del nuestro: un lugar lleno de miserables que sobreviven de migajas, que se odian, que se detestan, que matarían por llevarse un pedazo de la recompensa del vecino. Un mundo de purulenta y vergonzosa iniquidad en el que odiamos al pobre por serlo, y admiramos al rico porque se nos ordena, y detestamos al tipo de al lado tanto como a nosotros mismos por no ser ricos o poderosos ni tener modo alguno de alcanzar la riqueza o el poder. Este asco de mundo era también el de Víctor Hugo. El de Jean Valjean.

Un mundo de venganzas y vengadores que odian, detestan, insultan y mancillan porque se sienten insultados, mancillados, vejados y agredidos. Somos así. Clamamos por la justicia desde la profundidad de esas injusticias que nos justifican y sostienen. Exigimos valores desde el desvalor y clamamos por la libertad desde los abismos de la tiranía ética y moral. Porque eso es la domesticación absoluta y no otra cosa: hacernos creer que nada puede ser de otra manera, que nada funcionará de otro modo, que ser así es la única forma de ser. Este grosero e infame mundo es lo que tanto preocupa conservar a nuestros mandatarios.

Ni estamos unidos, ni somos fuertes.

Estamos acabados porque nos han roto, nos han aplastado el ánimo, nos han vendado los ojos, nos han aniquilado en la casilla de salida, nos han hurtado la revolución, nos han dejado sin ideología y nos han aplastado las ilusiones. Nos gestionan los derechos y las libertades. Somos niños. Somos prescindibles. Somos reemplazables para la gran maquinaria. No somos nada.

Excepto miserables.

martes, 5 de abril de 2011

Presentando Antirresurrección


Amigos, el próximo jueves nos reuniremos Javier Márquez Sánchez y yo a las 19:30 con un puñado de amigos en Casa del Libro para discutir sobre cómo reventar los géneros literarios y de paso para charlar sobre
Antirresurrección,
mi última novela.
Nos encantaría que nos acompañaras.
Las copas de después están aseguradas.