Blog de contracorrección irreflexiva sobre antiquehaceres parartísticos

lunes, 31 de enero de 2011

El manuscrito de Dios en ruso

En estos días aparece la edición para el pueblo ruso
de mi novela El manuscrito de Dios.

¡Nasdrovia!




sábado, 29 de enero de 2011

Domesticación emocional (I): ¿Qué narices pasa aquí?



Por supuesto hermano Biedma. Qué narices.

Si eres una persona medianamente observadora, seguro que te has dado cuenta de que algo no marcha del todo bien en tu lugar de trabajo. Has visto como, de un tiempo a esta parte, todas las reuniones que mantienes con sus superiores, especialmente cuando se van a tratar cuestiones peliagudas para el futuro de la empresa, de algún compañero, de la sección, del departamento o cualquier otro tema laboral de especial relevancia, siguen un patrón estandarizado: ambiente correcto, a menudo amable, buenas palabras, muchas sonrisas, buen rollo en general, empatía por doquier... Ni una palabra más alta que otra. Habrás comprobado que hay en estas reuniones fórmulas verbales que se reiteran una y otra vez hasta alcanzar el rango de tópicos sin significado alguno. Frases del tipo todos estamos en el mismo barco, somos una gran familia, todos cumplimos una función de gran importancia para el resto, tenemos que implicarnos en cuerpo y alma para lograr el objetivo común y otro largo etcétera de sentencias sobadas que han llegado a convertirse, a fuerza de repetirse hasta el aburrimiento, en todas partes en los mantras del mundo empresarial del nuevo milenio.

Implicarse. Menudo fiasco, ¿verdad, hermano?

Claro. A la par que todo esto sucede y que tus superiores te agasajan en reuniones, comidas de empresa y otros eventos al uso con toda suerte de detalles emotivos, confeti paternalista, ánimos, palmaditas en la espalda, buen trato y pretensiones empáticas leídas malamente en librillos de psicología parda, observas estupefacto que sigues percibiendo los mismos beneficios materiales –quizá menos- de siempre. Que cada vez trabajas más horas por el mismo –o menor- salario a la par que gozas de menos tiempo libre para emplearlo en eso que realmente te apetece hacer. Que cuanto más se habla de conciliación de la vida familiar y laboral lo tienes más complicado para organizar las tareas domésticas o, simplemente, para pasar media hora diaria más con tus hijos, con tus padre,s con tu pareja, con tus amigos o con tu perro. Que los mandamases se funden los beneficios en gastos de representación a cargo de la empresa, tienen mejores coches que el tuyo, ganan tres veces más que tu trabajando muy a menudo la mitad de horas (amparándose en esa historieta de la responsabilidad), van y vienen sin dar ni una de esas explicaciones que a ti se te exigen constantemente, desaparecen durante días enteros –e incluso semanas- y que, muy a menudo, tampoco se tiene una idea demasiado clara de qué clase de trabajo desempeñan en sus atalayas si es que hacen alguno aparte de administrar sus responsabilidades desconocidas (si tenéis bronca con ellos no les digáis esto último... Todavía tendrán el morro de llamaros "demagogos").



Más todavía. Si aparte de observador eres un buen razonador que se ha planteado la cuestión precedente, también es seguro que habrás pensado en otras no menos inquietantes que tal vez –supones- sería mejor no tratar de responderse. Así por ejemplo: ¿por qué a menudo me llevo peor con mis compañeros que con mis jefes? ¿Por qué tengo más miedo del señor o de la señora que se sienta en la mesa de al lado que de cualquiera de mis superiores cuando la lógica de la situación impone que debería suceder justo lo contrario? O esta otra... ¿Por qué cuando las cosas se tuercen los primeros en ser despedidos son los trabajadores de base cuando no son responsables de las decisiones que han causado el desastre? Al fin y al cabo, ¿acaso no habíamos quedado en que los de abajo recibían menos emolumentos porque tenían una menor responsabilidad empresarial? O esta... ¿Por qué en lugar de congelar los salarios a los de abajo, no se reduce los estratosféricos sueldos y colosales gastos de los de arriba? ¿No sería esto último lo justo y coherente para mantener a flote el dichoso barco en el que navegamos todos cuando los vientos no son propicios? Y más: ¿por qué a menudo los que mandan son menos competentes que yo o cualquier otro compañero al que considero sobradamente capacitado para llevar las cosas mucho mejor? O bien: ¿por qué para progresar con garantías de éxito en el mundo de la empresa moderna hay que ser un pelotillero y un trepa? ¿Acaso no habíamos quedado en el colegio en que esto es una meritocracia y que si te lo trabajabas bien podrías llegar a donde quisieras en la vida?

Sea como fuere, te hayas respondido a las preguntas precedentes o no, es seguro que  ya has sacado tus propias conclusiones sobre tanta película de barcos, remos y galeotes como te toca visionar a lo largo del año y que, sumariamente, pueden resumirse en una: tanto buenrollismo es un simple cuento chino del que se valen los de arriba para mangonear, ningunear y explotar con buenos modos a los de abajo... Eso, claro, cuando hay buen rollo y buenos modales, que no siempre son los que nos gobiernan en el trabajo tan majos, ni nos hacen tanta gracia. Vale. Comprendo que ya sabes todas estas cosas y que no he dicho nada nuevo hasta este punto. Lo asumo. Tan sólo te voy a pedir algo: creo que tengo algo que decirte con respecto a todo esto y a otros muchos asuntos que explican los cómos y los porqués de la sociedad domesticada y adocenada en la que vivimos…

¿Te interesa leerlas?

martes, 18 de enero de 2011

Aún Ciudad Santa

Hace unos días, me pidieron que destacara una novela del 2010. Elegí una del 2009 que seguirá estando en lo más alto durante el 2011, el 2012…


Ciudad Santa (Editorial Almuzara) del argentino Guillermo Orsi obtuvo en el 2010 el Premio Hammett de novela negra que concede la Asociación Internacional de Escritores Policíacos en la Semana Negra de Gijón, probablemente el galardón más prestigioso del género que, en esta edición, además, ha sido reconocido por escritores y críticos como uno de los que con más merecimientos se han concedido en mucho tiempo.
Pero nunca se fíen del todo de los premios, de las reseñas ni de las opiniones del sector.
Lo definitivo en literatura es el enfrentamiento entre el lector y el texto.
Y lo de Ciudad Santa, más que enfrentamiento es confrontación con una novela dura y combativa, el retrato sucio a carbón de un Buenos Aires que se desmorona en una civilización en declive protagonizada por personajes que se hacen trizas en sus relaciones entre sí, escrita por uno de los autores que mejor frasea en el panorama narrativo internacional. Puro policiaco de altísima calidad.

Seguid votándoles, pringaos


Siento amargaros con mis neuras, hijos, pero es que estoy muy cabreado y por algún sitio tengo que reventar. Sorry. Y al tema. Esto que sigue decía, de manera bastante benévola, ese supuesto periódico (uno de entra la supuesta prensa libre española) llamado "El Mundo":

"Los ex presidentes del Gobierno José María Aznar y Felipe González perciben cada uno cerca de 80.000 euros brutos anuales de los Presupuestos Generales del Estado, una retribución con carácter vitalicio en razón del cargo desempeñado y que es compatible con los sueldos que recibirán de las eléctricas Endesa y Gas Natural Fenosa por las que acaban de ser 'fichados'".

Y luego continuaba con el run-run politiquero e insustancial de siempre... Pero lo que no decía -porque mola menos y molesta más- era esto otro (entre muchas de las cosas que se podrían y deberían decir):

a. Que Aznar, con sus chanchullitos para empresillas de aquí y de allá supera el millón de euros en ingresos (y eso que su inglés es todavía peor que su italiano).

b. Que Endesa es, curiosamente (oooooh), una de las compañías eléctricas que él mismo ayudó a privatizar.

c. Que Felipe Gónzález -nuclear no, gracias- ha sido uno de los máximos garantes de Fenosa y otras eléctricas al no oponerse -ni tocar- el sector nuclear pese a que se harto de vendernos la burra de que lo reformaría (aaaaaaah).

d. Que estos no son los únicos expresidentes que cobran del erario publico al mismo tiempo que mantienen puestos altamente remunerados -de asesores o miembros del consejo- en empresas privadas (joder).

Esto es "ideología" y juego limpio, compañeros, ganar una pastizara cobrando por los servicios prestados por ahí cuando ocupaban un cargo público y luego, por supuesto, no perdonarnos ni un céntimo a los pobres ciudadanos que apoquinamos como campeones para sostener esta engañifa en la que vivimos. Como si hubiera sido poco castigo tener que soportar sus cagadas, sus mentiras y su estulticia. Y encima, periodicamente, hemos de tragarnos sus conferencias pletóricas de lecciones de moral, sus peroratas sobre el juego limpio y su charlatanería sobre lo que es o deja de ser este país.

Seguid votando y haciéndoles el caldo gordo, mileuristas pringaos. Discutid por ellos. Enfadaos a su salud. Compradles el genero podrido que mercadean. A ver si con un poco de suerte nombran ministra a una amiga vuestra y os cae una subvención. Sin duda, nos hemos equivocado de profesión, amigo Biedma... Mejor nos hubiera ido de concejales de festejos.

Definitivamente, hermano, necesitamos el advenimiento de la Antirresurrección. Pero ya.

Como bien decía ese filósofo magnífico que era mi abuelo, da igual que mande la derecha o la izquierda, pues al final la basura la sacamos siempre los mismos.

martes, 11 de enero de 2011

AUTOENTREVISTAS: Panadero por Panadero.



Nací en Madrid, en 1974. Soy el pequeño de muchos hermanos. Y gracias a mis hermanos fui cinéfilo y lector precoz. De niño veía películas de Corman, Tourneur, o Bava, alternaba títulos como Superman, El gabinete del Dr. Caligari, Flash Gordon, El pequeño salvaje… De adolescente leía indistintamente tebeos de Batman, de Spiderman –aunque éstos los evitaba en la medida de lo posible; el trepamuros me parece demasiado sensiblero–, novelas de William Burroughs, estudios sobre criminología... Estudié Periodismo con la idea de especializarme en temas culturales. Me gusta la música rock, escribo sobre cine, y reivindico la literatura como el mejor pasarratos posible. Acabo de debutar como novelista con Los viejos papeles (NGC ficción!, 2010).

Si queréis saber más de mí, podéis visitar el blog que coordino, Revista Prótesis. Y si aún quedan cosas en el aire, citadme en cualquier bar, a ser posible por Vallekas. Os lo contaré todo, con más pelos y más señales.
Francis y Biedma me invitan a auto-entrevistarme. Más comodidades no me podían ofrecer; yo elijo las preguntas que me apetezca, y respondo lo que me venga en gana. ¡Adelante!


Los críticos, ¿sois escritores frustrados, o frustrados a secas?


Ese es uno de los lugares comunes con los que más fácilmente se tropieza en los ambientillos culturales. Y como todos los lugares comunes, unas veces funciona, y otras, no. “Si sabes tanto, hazlo tú, a ver qué tal te sale”, dicen muchos. Como si el hecho de opinar nos obligara a ponernos manos a la obra, sin perder un segundo.
Aunque pasen los años, sigo viéndolo igual: crítica y creación literaria me gustan por igual, y si me apuras, disfruto más con la divulgación de la cultura que tejiendo ficción. En mi caso, una faceta no está supeditada a la otra, y por cada argumento para novela que se me ocurre, me surgen tres o cuatro ideas para ensayos que me gustaría escribir.

Ahora los escritores lo tenéis más fácil con eso de la autoedición. Te puedes saltar al intermediario sin problemas

Parece que nos hemos olvidado de las medias tintas. Muchos dicen que estamos en el peor momento posible, y argumentan con firmeza. Cualquiera les lleva la contraria. Otros parecen sugerir que nunca habíamos estado mejor. ¿Mejor o peor? Yo no lo tengo tan claro. Puede que no sea el mejor ni el peor momento para la literatura y el cine. La gente ve más cine que nunca, y ahora podemos acceder a materiales de todo tipo. También es cierto que hace no mucho tiempo los escritores vivíamos mejor. Sí, pero también vivían mejor hace diez años los informáticos, los peluqueros, los abogados, los detectives privados…
Y se habla mucho de la autoedición. Parece que los aficionados hemos descubierto el mediterráneo, cuando es algo que muchos llevamos poniendo en práctica desde que empezamos. Y seguimos en ello. Quizás hemos cambiado la ciclostil o la fotocopiadora por el portátil y el blog. Lo único que ha cambiado es que el ambiente se ha masificado, como en todo, por otra parte. Pero en lo sustancial, la situación es la misma.
A veces autoedito por capricho, y otras, porque es lo que hay. Pero en líneas generales, no lo hago exclusivamente por “saltarme al intermediario”. Me gustaría que hubiese más intermediarios, que manejasen mucho dinero y pudiesen darme buenos adelantos. El problema es que por todas partes hay pequeños reinos de taifas, editores modestos que exigen mucho, como si les diese miedo arriesgar y por eso vigilaran al céntimo en qué están invirtiendo, y a cambio no pueden ofrecerte nada, o casi nada.
El resultado de esta situación ya lo conocemos: todo está atomizado, y los escritores tenemos que asumir el riesgo. “Qué menos”, pensarán muchos. “Bastante tienen con escribir lo que les dé la gana; encima pretenderán que se les pague en condiciones”.

Céntrate, David. Lo que queremos es que nos hables de tu novela: Los viejos papeles. ¿Quién crees que la leerá? ¿A quién piensas que le gustará más?

No sé muy bien qué responderme a esta pregunta. Muchas veces me sorprendo al conocer a mis lectores. Abundan los que me leen por motivos tangenciales, inconfesables, y además están en su derecho de hacerlo. Conmigo ha llegado a contactar un coleccionista de marcapáginas, porque le gustaron los que diseñamos para Prótesis, y quería atesorar un buen fardo.
Pienso que Los viejos papeles es una novela bastante compensada, en la que no me veo obligado a exponer mi visión del mundo, por más que esté muy presente. Por eso, creo que gustará tanto a progres de toda la vida como a fachas recalcitrantes. Y la podrán disfrutar desde los lectores más pulp, hasta filólogos y amantes de la exquisitez. Sea como fuere, es una novela intensa, y la puede leer todo aquel que busque una historia potente con la que alimentarse.

sábado, 8 de enero de 2011

...sigueleyendo.es


Francis, abrimos año con nueva web, web literaria, hecha por gente que conoce el paño:


Se trata de una página donde publicaremos la opinión de todos aquellos escritores que quieran opinar algo. Escribiremos sobre sus libros. Colgaremos vídeos de sus presentaciones y daremos noticia garbosa de lo que vaya ocurriendo en el mundo de los libros, que es el Mundo.


Detrás del proyecto, el impulso de Cristina Fallarás. No el impulso. El vendaval.

martes, 4 de enero de 2011

Antirresurrección


Querido Francis, ha llegado el momento de hacer pública la cubierta de la novela policiaca de zombis -la conoces casi mejor que yo, así que volveremos a hablar sobre ella-, que a finales de mes o a principos del siguiente aparece con la editorial Dolmen.

lunes, 3 de enero de 2011

Año nuevo, viejos papeles

Amigo Biedma, que David G. Panadero haya publicado una novela no es cosa que nos sorprenda a ninguno de los dos –bien lo sé-, entre otras cosas porque David se pasa la vida escribiendo y, de tanto escribir, era cosa lógica que tarde o temprano nos pariera en largo. Tampoco nos sorprende, claro, que esa novela, “Los viejos papeles”, sea un homenaje a nuestras queridas novelitas de a duro, pues David es seguramente una de las personas que más tiempo ha dedicado a conocerlas y estudiarlas; uno de los tipos que en este país nuestro saben más de ese material manoseado, amarillo, pulp, que es tan patrio; uno de los hombres que más saben de la vida y obra de los inefables escritores que se escondían tras aquellos rimbombantes seudónimos… Curtis Garland, Clark Carrados, Silver Kane, Keith Luger...

Tipos éstos –te lo digo ya, hermano Biedma- a los que yo aprecio en lo que valen pues fue con ellos, y con mi abuelo Amancio, devorador impenitente de novelas de a duro y profundo conocedor de todos los recovecos de la literatura de don Marcial Lafuente, que yo, de niño, me fui adentrando en ese proceloso mundo adulto de los libros sin estampas… Pero antes de sucumbir a la memoria intempestiva y confusa de mi niñez, te hablaba de otra cosa –del estudiar y el conocer de nuestro David. Tareas que dejan poso, generan pulsiones e imprimen necesidades a las que el tiempo siempre acaba dando paso de un modo u otro.
Créeme Biedma, y ahora es el profesor y no el amigo quien se permite por una vez la licencia de aparecer: el saber de algo es una sed de ese tipo peculiar, extraño, que sólo entra, crece y se percibe cuando se antes se ha bebido. Y mucho, me consta, ha bebido David G. en este remanso de la -¿pequeña?- literatura de quiosco. Tanto que sus viejos papeles, que nos llegan de la mano de la editorial NGC ficción, inician incluso una colección con pinta de a duro (buen trabajo, Felideus), de formato breve, conciso, como al autor le gusta porque de eso él conoce.
Todo esto ya lo sabemos, amigo Biedma. Claro que sí. Tú, yo, y los muchos que conocemos y apreciamos al gran David G. Panadero por ser quien es, por hacer las cosas que hace y por el modo en que las hace. Lo que no podíamos pensar quienes nos enfrentamos a la aventura del nacimiento, expansión y publicación –llena de azares y controversias como es normal entre humanos- de la historia que se relata en “Los viejos papeles” (y de la que, como es mi costumbre, no pienso dar ni media pista), es que David, ese tipo grandote, con voz de trueno y manos de aizkolari que uno tiende a imaginarse cascando cráneos sin piedad en la puerta de una discoteca, se iba a sumergir en un relato sensible, de geografías emocionales y deudas sentimentales que se desgranan a lo largo de sus páginas sin caer en la tentación del melodrama barato.
Es cierto. No deberíamos sorprendernos de ello cuando las mejores baladas están siempre en los discos de heavy-rock y, muy posiblemente, las páginas más emotivas que uno pueda disfrutar en las plumas salvajes, indómitas e indisciplinadas de gente como Capote, Faulkner o Mailer. ¿Qué otra cosa esperar entonces del temperamento de un fan convicto y confeso del gran Lucio Fulci como lo es David?... Pues la caricia dulce por insinuada de “Los viejos papeles”, querido Biedma. Una hermosa novela, pequeña, jugosa, medida, magra en la expresión pero profunda en contenidos, que habla mucho y bien de su autor (y de quien le edita por cierto), de quién es, de sus porqués. Bonita para leerla y pensarla. Una novela que me recordó –que me recuerda- por qué soy amigo, mejor diré somos, de David G.
Para releerla y repensarla.
Para iniciar el año nuevo, creedme todos, mejor papeles viejos.